El economista explica que si bien "el sobrante de pesos, a simple vista puede parecer un problema de la cuenta financiera; una cuestión de portafolios. Si la gente desea mantener un porcentaje determinado de su riqueza en dólares, es inevitable que una porción de los pesos que rebalsan de la demanda transaccional busque refugio en monedas extranjeras. Pero si el BCRA limita el acceso a esas divisas, entonces los agentes buscarán sustitutos tratando de comprar bienes y servicios dolarizados.
A pesar de que la industria cerro mayo 18,1% por debajo del año pasado (dato de Orlando Ferreres) y que el comerció (según CAME) se hundió 51%, la demanda de divisas de esos sectores fue mayor este año que en 2019 y lo mismo ocurrió con los sectores energéticos, aunque ahí tallo también el congelamiento tarifario".
El problema sería en parte porque hace casi 1 siglo que la Argentina, salvo breves excepciones, no consigue implementar un modelo sustentable de desarrollo, en términos de su capacidad de generar divisas. El último colapso es otro botón de muestra de esa historia repetida. Entre 2004 y 2019 el PBI creció 43%, sin embargo, las cantidades importadas aun a pesar del fuerte ajuste del 2018 y 2019, crecieron punta a punta un 82% al tiempo que los volúmenes exportados solo lo hicieron un 23% y la mayor parte de esa expansión se dio durante el ultimo año.
Esto quiere decir que el crecimiento que se produjo desde 2004 no fue sustentable y que solo se sostuvo mientras duró la ilusión de los términos de intercambio favorables, que eclipsaron el estancamiento de las cantidades exportadas y que cuando se acabó fue reemplazado primero por el uso de las reservas y luego por el período de endeudamiento de los tres primeros años del último gobierno.
Agotadas las reservas y la capacidad de pedir deuda, la economía sufrió el inevitable ajuste de tener que acomodarse a su real capacidad de generar dólares genuinos, que solo se expandió 23% en los últimos 15 años.
Otra parte del problema, según el informe de Tetaz, es que "cuando se acaban los dólares los gobiernos recurren a mecanismos de administración de divisas que agravan el problema porque tienen sesgo anti exportador".
La lógica es política y estaría en que el salario real y el tipo de cambio real se mueven en espejo. "Los gobiernos evitan que el precio del dólar ajuste la cuenta corriente del balance de pagos, porque eso implica reconocer que los salarios reales son mas bajos y todo gobierno cosecha en las urnas la fantasía de inflarlos, o sufre las consecuencias de que hayan bajado".
Por eso, cree que los "gobiernos deberían evaluarse por su capacidad de aumentar las exportaciones y generar flujos de inversión extranjera directa, que son las únicas dos fuentes de crecimiento sostenible de la economía y los salarios".
Y por ello también, afirma que le preocupa mucho "el rojo de la cuenta corriente y que aumente tanto la brecha cambiaria con Brasil, porque sabemos que eso resulta insostenible en el mediano plazo".