La Administración Macri intenta capitalizar como uno de los mayores logros de su gestión que las exportaciones, más por cantidad que por precio, vayan camino este año de los US$64.630 millones.
El análisis que efectúa el director general de la consultora DNI, Marcelo Elizondo, resalta el comportamiento de las ventas al exterior de este año, aunque aclara que se encuentra muy lejos de aquellos US$84.268 millones de bienes y 15.606 millones en servicios de 2011.
O sea que se estaría hablando de unos US$20.000 millones por debajo de la marca de hace 8 años, cuando fue reelecta CFK.
En el siguiente, el índice de los valores de las exportaciones superaba en un 30% al actual. Al completar el mandato, en 2015, se habían despachado en bienes por US$56.787 millones y servicios por 14.046 millones, es decir US$70.833 millones en total, un 10% más que en este 2019, aunque restaría computar el último mes.
Pero, a partir de ahí, en la era macrista, se inició una leve recuperación gradual anual hasta llegar a la cifra actual, en un contexto desfavorable por los precios internacionales que arrastraban una caída en la facturación mayor que la de la región.
El retroceso ocurrió mientras el mundo crecía en ventas transfronterizas: 11% en el mundo aunque apenas 1% en América Latina.
La explicación es que Sudamérica depende en demasía de los commodities (desde el hierro brasileño pasando por el cobre chileno o el petróleo ecuatoriano y hasta la carne uruguaya). Pero algunos capearon mejor que otros la caída de los precios, por ejemplo Brasil tuvo una merma en las ventas 5 veces menor a la argentina.
Medidas en dólares, nuestras exportaciones de bienes son 30% menores que en 2011, en tanto que el índice de los precios de ese récord era un 30% mayor que el de hoy.
La performance de México, con 24% de mejora en sus colocaciones externas durante el período de marras, contribuyó, en cambio, a levantar la ponderación latinoamericana frente a la debacle de la parte austral del continente.
Sobre el caso argentino, Elizondo compara la evolución de exportaciones argentinas por rubro desde aquella época de picos históricos y destaca que actualmente sólo exportan más que en 2011 las carnes, los cereales y las manufacturas de aluminio.
Y por montos no muy diferentes (un poco menores) respecto de aquella época ubica a las bebidas alcohólicas, las infusiones y las preparaciones de legumbres y hortalizas.
Pero, definitivamente, redujeron sus ventas medidas en dólares todos los demás rubros.
En particular, los lácteos, frutas, oleaginosas, aceites, plásticos, preparaciones de molinería, minerales, combustibles, químicos, metales y sus manufacturas, máquinas y aparatos y vehículos).
De los efectos que reciba el aparato productivo de la política inicial del nuevo gobierno, que consiste en inyectar recursos a las clases bajas para que consuman mientras simultáneamente aplica una quita impositiva de la media para arriba, dependerán las necesidades de importación de 2020, aunque nadie cree que alcance a mover mucho el fiel de la balanza comercial.
Tiempo pasado fue mejor
La paridad cambiaria múltiple (no menos de 9 tipos) que surge del nuevo esquema fiscal, la cual de entrada va desde los $60 a los $85, permite mantener en el nivel competitivo en que estaban las exportaciones de este año, y hasta ahí, pero en esa paleta quedaron relativamente baratas para la importación en cuanto se abran los grifos de la economía.
En la radiografía que expone el presidente del Capítulo Argentino de la Internacional Society for Performance Improvement (ISPI), investigador y profesor del ITBA, miembro del consejo directivo de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, miembro consultor del Consejo Argentino para las Relaciones internacionales (CARI), y del consejo consultivo de Cippec, quedan claros los puntos débiles de la exportación de una década a esta parte.
Tienen mucho que ver con menores ventas a Brasil (cayeron desde US$17,6 a 11,3 mil millones desde 2011 hasta hoy), a China (de 5 a 4,2 mil millones), a Chile (de 4,8 a 3 mil millones), a Canadá (desde 2.4 a 1,2 mil millones) y a Europa, especialmente a Países Bajos, España y Alemania, que son los principales puntos de ingreso al continente de productos argentinos.
Las exportaciones a USA en la serie medida se mantuvieron estables. Y es también cierto que en ese lapso (2011/2019) crecieron las destinadas a Vietnam e India.
Sin embargo, la mayor preocupación heredada por la actual Administración Fernández, urgida de dólares para tapar los agujeros financieros traspasados, está en el Mercosur, que en estos 11 meses concentró el 19,5% del total exportado y el 25 % del platillo importador de la balanza, con un déficit consolidado de US$ 139 millones.
El intríngulis pasa porque “no está previsto ahora que los precios vuelvan a subir de modo significativo. ¿Cómo, entonces, puede aspirarse a mejores resultados?”, plantea Elizondo.
Advierte sobre este particular que “la presente etapa de la globalización (como lo muestran papers del McKinsey Global Institute) no se apoya en grandes saltos en ventas de bienes físicos, sino en el incremento de valor económico transfronterizo generado a partir del aporte de intangibles que califican las prestaciones transadas (conocimiento, innovación, saber productivo o comercial organizativo, certificaciones, estándares, capital intelectual)”, tendencia de los negocios internacionales de la que no pocos rubros están hoy lejos de alcanzar.
Para salir de resultados pobres, recomienda el experto que el gobierno de Mauricio Macri desechó por internas con el amigo presidencial Francisco Cabrera, “el comercio exterior argentino requerirá un proceso de apertura para su inserción en los nuevos flujos que motorizan los negocios globales transnacionales”.
Ya no se trata de lograr que ingresen en las cadenas de valor trasfronterizas, las que, en esta instancia, ya no son meros encadenamientos productivos de etapas de ensamblamiento físico, sino que están movidas por el aporte de intangibles y apoyadas en:
** la interacción de exportaciones e importaciones, de bienes y de servicios,
** participación en flujos de inversión (en la economía real y el acceso a financiamiento),
** la acción sistémica en los movimientos de generación y aprovechamiento de saber productivo y
** la aparición de atributos relacionales de empresas.
Recomienda llevar adelante procesos de “innovación abierta” con la creación de alianzas virtuosas con terceros en ecosistemas en los que los productores de bienes logran, en arquitecturas vinculativas, el aporte del saber que se añade de modo intrínseco en la oferta de nuevo tipo.
Aunque las papas queman hoy, la esperada futura suba de exportaciones argentinas (para la inminente 3era década del siglo), por ende, dependerá de no pocos esfuerzos domésticos que deberán incluir:
** una mejora en las condiciones productivas (macroeconómicas),
** un salto de calidad en las políticas vigentes (que permitan estabilidad, menor complejidad y una reducción de la aleatoriedad),
** una más calificada mesoeconomía.
En conjunto todo ésto deberá alentar más inversión, calificación de la oferta, desarrollo de atributos competitivos y un salto en la competitividad de empresas, señala, y deberá estar acompañado de esfuerzos más virtuosos en las acciones de acceso a mercados externos llevadas a adelante por autoridades públicas y por empresas.
Por el momento, la atención del mercado de la deuda se concentra en las importaciones de bienes, que este año sumarán US$49.750 millones, lo que las situará unos US$15.000 millones debajo de cifras récords de otrora.