Probablemente el acuerdo no escrito con el Fondo Monetario Internacional -hasta ahora, el logro más visible del ministro Guzmán- resulte muy importante pero no suficiente para cumplir en tiempo y forma con la agenda en marcha.
Sin embargo, la pregunta es: ¿y qué más hay acerca de la economía?
El ministro Guzmán explicó que el programa económico se encuentra supeditado a la disponibilidad de recursos que libere la reprogramación de los pagos a los acreedores. Sin embargo, la eventual demora en la refinanciación podría modificar el cronograma del programa, temen algunos, especulan otros. En cualquier caso, le solicitan al ministro Guzmán, y al ministro Kulfas, la enunciación de la macroeconomía o, al menos, de las políticas sectoriales.
La Administración Fernández explica la necesidad de consolidar la información que se ha relevado durante los días transcurridos a la vez que insiste en la trascendencia del empeño financiero exterior. Todavía el reclamo es subterráneo pero las autoridades deberían anticiparse al mercado, y tomar el toro por las astas.
El mensaje que comienza a enviarse a los ministros consiste en que sí, la refinanciación es muy importante, pero no es la única tarea pendiente y existe la sospecha de que la Administración Fernández ha encontrado algunas zonas de confort harto peligrosas tales como los congelamientos/las congelaciones de algunas variables muy significativas para la definición de los precios relativos.
La Administración Fernández prioriza el freno al conflicto social -el Plan Argentina contra el Hambre es prueba de ello- pero resolver semejante desafío requiere de decisiones más complejas que la distribución de tarjetas que emite el Banco Nación, y que hay que comenzar a abordar, ejemplifican algunos economistas.
Es probable que el estilo de gestión de la Administración resulte menos vertiginoso que el que reclaman algunos exigentes y que, en definitiva, las autoridades demanden los 100 días de gracia que en el pasado se concedía a los gobernantes (120 días en realidad, considerando el 31/03 como fecha tope para resolver el frente externo, que serían más para la difusión del bendito plan económico), pero hay quienes lucen menos comprensivos, y no son militantes políticos opositores.
En general, la Administración intenta ganar tiempo cediendo la iniciativa a las partes involucradas. Por ejemplo, afirma esperar conocer propuestas de los involucrados en la producción y comercialización de hidrocarburos. Y un concepto similar se ha deslizado a los generadores, transportadores y distribuidores de energía eléctrica. Hasta los acreedores financieros afirman que recibieron sugerencias de elaborar escenarios.
Apelando a la prensa global especializada, los acreedores ya hicieron conocer su negativa a cumplir semejante tarea y comenzaron a reclamar la difusión de una propuesta, motivo por el cual el ministro Guzmán les respondió con un cronograma para quitarle tensión a los ánimos.
Por supuesto que fue astuta la estratagema del ministro Guzmán pero no ha despejado el interrogante de fondo. Resultaría importante que febrero sea utilizado por la Administración Fernández para comenzar a resolver la morosidad en materia de definiciones domésticas, trabajando sobre las expectativas.
Sucede que marzo siempre es un mes de calendario agitado, entre el inicio de las paritarias, inicio del ciclo colectivo -cuando ocurren remarcaciones indebidas en los precios de muchos artículos y servicios-, inicio del pago de las deudas familiares acumuladas durante las vacaciones....
Es evidente que resulta muy diferente la sensación -de eso se trata- de una economía en marcha que la de una economía esperando definiciones externas para luego arrancar. Ningún economista puede ignorar que, cuando todavía no se tienen logros concretos, es decisiva la cuestión de las expectativas y las sensaciones.