El viejo rol del puntero ahora es compartido por distintas organizaciones sociales y políticas que no responden a los jefes comunales. Y, en muchos casos, buscan esmerilar el poder de los alcaldes.
Para eso, sus dependencias económicas son desde el Estado Nacional y algo menos del provincial. Un rápido relevo hecho desde el Ministerio de Desarrollo Social da una clara noción del poder que manejan las organizaciones sociales, sobre todo, el Movimiento Evita. Allí, los alineados con Emilio Pérsico, hoy funcionario de la cartera que dirige Daniel Arroyo, disponen de 430.000 planes. Un verdadero ejército.
En una escala menor, se encuentra la Corriente Clasista y Combativa con 220.000 planes bajo su órbita. Es el sector cuyo referente más visible es Juan Carlos Alderete, de origen en el Partido Comunista Revolucionario que tuvo como líder en argentina a Otto Vargas. Ambos grupos, juntos como la CTEP, de Juan Grabois, conforman los “Cayetanos” y siguen los lineamientos de la encíclica papal “Laudato Si” que proclama “techo, tierra y trabajo”. Dicha organización ligada a Juan Grabois, maneja cerca de 250.000 planes junto a Barrios de Pie.
No es casualidad que, en su reciente aparición pública, Elisa Carrió vinculara a “amigos” del papa Francisco en la toma de tierras. Una coincidencia con Sergio Berni, quien sabe que detrás de esas maniobras están los “movimientos sociales y lúmpenes”. Lo ratificó estos días cuando la polémica escaló en todos los niveles.
La información de lo que manejan estas organizaciones es lo que motivó a Sergio Massa a proponer, el pasado domingo, que se le quiten beneficios sociales a quienes usurpen tierras. La problemática es tan severa que, excede por lejos el conurbano.
Este fin de semana se está armando una caravana de propietarios en distintos puntos de la costa argentina para reclamar porque no pueden ir a sus domicilios y temen que sufran tomas.
En distritos como Pinamar, recuerdan que, hace algunos años atrás, se formaron barrios marginales en la localidad de Ostende producto que quienes habían abandonado villas de emergencia en el Gran Buenos Aires.
Alberto Fernández, que ya no goza de la misma aceptación que tenía en marzo, tomó nota y este viernes lanzará el refuerzo para la seguridad en el área metropolitana. Lo terminó de acordar con los intendentes, Sergio Massa y el gobernador Axel Kicillof. En esa reunión no estuvieron ni Berni y Frederic, quien flaco favor le hace a Alberto F. cada vez que habla.
La fotografía que surge de ese anuncio no cambiará la relación ambivalente entre los jefes comunales y el ministro de Seguridad bonaerense, quien, si por hiciera falta algo, le tiró un palo por elevación al Presidente cuando dijo que el peronismo porteño era un aliado de Horacio Rodriguez Larreta.
EL nuevo programa, que ya genera tensiones por la manera en que se administrará el dinero, contempla la incorporación de 2.000 patrulleros, equipamiento tecnológico de cámaras y botones de pánico a municipios. Una especia de Plan Centinela 2, es decir los gendarmes en el territorio.
Pregunta al margen: ¿Qué pasó con los oficiales del ejército que repartían comida en distintos distritos al comienzo de la cuarentena?
La inversión prevé refaccionar 100 comisarías. y reclutar 10.000 efectivos nuevos.
La elección del lugar donde se hagan los anuncios también podría convertirse en un mensaje en sí mismo.
Si, tal como dice Berni, el peronismo porteño tiene un acuerdo con Larreta, al menos en lo que a cuarentena se refiere, hay varios intendentes del Gran Buenos Aires que siguen los mismos pasos del jefe de la Ciudad Autónoma.
Una manera de decir, “en nuestros territorios mandamos nosotros”. Y aunque no estén habilitados por el gobierno de Axel Kicillof, hay distritos donde ya funcionan actividades como bares, restaurantes y hasta gimnasios. La mayoría son jefes comunales de Juntos por el Cambio quienes lo han puesto en marcha, pero no son todos. También hay peronistas en esa misma línea.
“Habrá que elegir qué es lo que queremos que explote, pero va a explotar”, sostiene a este medio un alcalde experimentado. Se refiere a la salud, la economía, y la tensión social. Es la teoría de poder atemperar los daños indefectibles de lo que va a ocurrir. Y que no los tome por sorpresa. Es aquí donde la experiencia es clave. Algo que, muchas veces, se rehusa a creer “ la nueva política”.