El otro fue el que más suerte tuvo. Valeri Tsepkalo, un antiguo y estrecho ex colaborador de Lukashenko. A él no lo encerraron, simplemente no lo registraron como candidato por “no reunir los requisitos necesarios”.
En los últimos días preelectorales, Svetlana recibió el respaldo de los dos interdictos, pero se mudó a una dirección desconocida, para evitar ella también, por cualquier “desliz”, ir presa. Sí lo fueron sus principales colaboradores: la jefa de campaña y la vocero…
El Presidente supuso que de todos los candidatos, Svetlana era la más “conveniente” y no representaba amenaza alguna. Ama de casa, sin nada de carisma ni de capacidad oratoria, era un cómodo sparring para Lukashenko.
Ya la había condenado de antemano. “Quisieron convertirla en la principal competidora. Pobre. Ella misma reconoce francamente que ni comprende dónde cayó”, dijo el “ Batka” (“Padrecito”), tal como llaman los bielorrusos a este ex director de una cooperativa agrícola que hace 26 años es Presidente del país. El mayor lapso entre todos los actuales jefes de estado de Europa a excepción de los monarcas.
A continuación, este historiador y economista especializado en “producción agropecuaria”, sometió a devastadora crítica a la oposición la que, en el caso de “vencer en deshonestos comicios, liberará a los criminales políticos y económicos, y a los narcotraficantes”.
Esto está vinculado con su abierto sexismo, demostrado con su franco convencimiento de que “todas las minas son estúpidas” y por eso nadie votaría una mujer.
Las manifestaciones de la oposición, antes y después de las elecciones, fueron duramente reprimidas por las fuerzas de seguridad. En la noche de este lunes 10/08 se anunció oficialmente la muerte de un manifestante en el enfrentamiento registrado entre la milicia y los defensores de una barricada en el centro dela ciudad.
Además de la represión directa, el domingo se registraron fallas con internet y la comunicación móvil. Ninguna red social funcionó normalmente e incluso los corresponsales tuvieron muchas dificultades para comunicarse con sus redacciones. Cuando los periodistas se quejaron ante el Ministerio de Comunicación e Informatización, la respuesta fue que “hoy es domingo, feriado, esperen a un día hábil”…
La principal dificultad el día de la votación fueron las largas colas en las que los electores aguantaron horas enteras. Tal como ellos mismos aclararon a los corresponsales, los votantes se volcaron a los colegios electorales porque “había aparecido una alternativa”.
Sin embargo, las autoridades electorales afirmaron que la oposición era responsable por las colas: había recomendado a sus partidarios demorarse en las cabinas y eso era “el más auténtico sabotaje y una organizada provocación”.
Y otro curioso episodio: en las cabinas de votación no había cortinas. Un joven elector llegó con su propia cortina. La colgó, ingresó a la cabina, votó, luego la descolgó, la envolvió, depositó su voto y… se fue.
La concurrencia fue muy elevada: el 84% del padrón. Casi de inmediato, el tribunal electoral anunció la aplastante victoria del “Batka” por algo más del 80% de los votos. Svetlana, según esos datos, recibió algo menos del 10%. Las fuentes que esgrimió Lidia Ermóshina, titular de la CEC (Comisión Electoral Central), provino de las mesas ubicadas en unidades militares y establecimientos médicos.
La oposición presentó resultados independientes de bocas de urna diametralmente opuestos al resultado oficial. De acuerdo con sus datos, por Lukashenko se pronunció entre el 13 y el 16% de los votantes, en tanto que entre el 65% y el 72% lo habría hecho por Svetlana.
En particular, el comando electoral de Svetlana anunció su victoria en 20 colegios electorales de Minsk y la región capitalina. Basándose en estos datos, el ama de casa hoy presentó un recurso extraordinario ante la CEC, reclamando la anulación de los comicios. Hoy Svetlana se proclamó vencedora en las elecciones presidenciales.
El acto electoral transcurrió con numerosas denuncias de significativas violaciones, presentadas por la oposición ante la CEC. En las elecciones no se permitió la presencia de observadores internacionales y en cuanto a los nacionales, simplemente los echaron de los colegios electorales sin explicación alguna.
Los partidarios de Svetlana no demoraron mucho en ganar la calle en las principales ciudades. En algunas de ellas, como la capital Minsk, la milicia fue reforzada por unidades militares y de esa manera pudo controlar cierto orden urbano. En otras, por el contrario, las fuerzas de seguridad fueron impotentes para disolver las manifestaciones y, en algunos casos, se plegaron a ellas.
Los manifestantes se volcaron a las calles espontáneamente. Svetlana o su comando electoral no convocaron a la gente. La candidata, en cambio, reclamó a las fuerzas de seguridad y especialmente a sus oficiales que detengan la violentísima represión con palos, balas de goma, granadas enceguecedoras y camiones rociadores y, en la práctica, les propuso pasarse a su lado. La convocatoria incluyó una advertencia a los represores, que pensaran en su responsabilidad personal por sus acciones.
Más de 3.000 manifestantes fueron detenidos en los enfrentamientos callejeros.
Lukashenko llamó a los opositores a “callar y tranquilizarse”. También detalló que en el curso de los enfrentamientos recibieron lesiones “cerca de 25 muchachos de las fuerzas de seguridad”. Enfatizó que en Bielorrusia “no habrá Maidanes”, aludiendo a la revuelta que se produjo en Ucrania, a fines de 2013, y que tuvo su epicentro en la plaza Maidán, en la capital Kíev. Esa revuelta culminó con el sangriento derrocamiento del gobierno ucraniano y la captura del poder por parte de grupos nacionalistas de extrema derecha.
El Presidente bielorruso justificó la represión, calificándola como “una respuesta a la violencia de los manifestantes. ¿Qué tienen ahora que gemir y llorar? La respuesta será la adecuada. No permitiremos que destrocen el país”.
Lukashenko, cuya economía depende en gran parte de Rusia, afirmó que el propósito de la oposición, fomentado “desde afuera”, es distanciar Bielorrusia de su vecino y copartícipe del Estado Unido, creado en 1998 por ambos países.
Este fuerte vínculo viene de la época soviética, cuando Bielorrusia era considerada como “el taller” de la URSS, por sus grandes complejos industriales. “Si alguien espera que se estropeen nuestras relaciones con Rusia, se confunde”, dijo el Presidente bielorruso.
Hoy, su colega ruso, Vladímir Putin, le envió un mensaje de salutación subrayando la importancia de mantener la unión lograda.