Si bien es difícil saber de antemano hacia dónde se orientó el resto. Si fuera continuar por la senda de la moneda extranjera tanto para gasto como para atesoramiento con destino a los colchones, naturalmente fluirían a la opción blue. Se trata de una variante informal de mercadeo de moneda extranjera, mucho más reducida en tamaño, cuyo audio suele repiquetear en las calles del microcentro: “cambio, cambio”.
Claro que debe ser asumido que ese ámbito, ajeno a la barrida de los canales formales que realiza la AFIP, viene cotizando 20% más alto, al menos hasta que se sancione la ley de emergencia y converjan con el turista oficial recargado arriba de los $80.
En una semana nada más, desde que el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, soltó el anuncio de que se les pondría un impuesto de 30% a los dólares del cepo, el blue soltó amarras de $65 y se dirige a los $80, es decir que en cuanto se sancione la ley habría acumulado un 23% a cuenta del billete oficial imponible si se detuviera ahí.
Existen otros dólares alternativos pero en terrenos más sofisticados, reservados para profesionales o especialistas de las altas finanzas, como el MULC, el MEP (o Bolsa), el CCL (Contado con Liquidación, que se usa en los pases interbursátiles con el exterior), dentro de una franja de 25 puntos que abarca desde los $59,82 del Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) al blue en los $75,75 de la víspera.
El Banco Central contabilizaba casi 1,8 millón de particulares transando con divisas dentro del cepo que con las limitaciones en cantidades vigentes y el encarecimiento del 30% estarán analizando qué hacer, si pesificarse y constituir plazos fijos bancarios, a una tasa un poco encima del 40% anual pero liberados del impuesto a la renta financiera, abastecerse de dólares en el blue antes que superen los $80 como el oficial que viene, o ambas cosas a la vez.
Quién es quién plata en mano
La Universidad Argentina de la Empresa (UADE) se puso a escarbar la procedencia de los ahorristas en general, y del relevamiento surge que alrededor de un 45% de los argentinos se asume en condiciones de ahorrar, e incluso un 19% afirma establecerse metas para hacerlo, que por lo general cumplen, según el secretario académico de la casa de estudios, Andrés Cuesta.
El 34% de los encuestados para el trabajo realizado por la Fundación UADE y Voices! dijo estar en una situación financiera personal buena o muy buena, contra un 66% restante situado entre regular y mala.
A decir verdad, el 60% de los habitantes que no superaba los $25.000 mensuales a setiembre, en medio del proceso de deterioro de la distribución del ingreso, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INdEC), con una canasta que marca la frontera de la pobreza a una familia de 4 integrantes en $37.596,00, está de entrada afuera de cualquier menester cambiario.
Para ese 40% restante que calificaría, de acuerdo con la estadística oficial, el 76% maneja en pesos contantes y sonantes los excedentes y 14% se inclina por los dólares cash, con lo cual 9 de cada 10 encuestados propensos a ahorrar declaran que lo harán por fuera del sistema bancario.
En menor medida, un 11% se mueve en pesos pero en cuentas, y con menor frecuencia aparecen: los plazos fijos (7%), los depósitos en dólares en cuentas bancarias locales (4%), la inversión en propiedades (4%) y en bonos o acciones (2%).
En realidad, estos últimos (renta fija y variable) apenas son considerados como opción por una minoría muy acotada de la población que tiene capacidad de ahorro (2%).
Sin embargo, no se trata de una ponderación cuantitativa, sino de cuánto dinero dispone cada parte, y claramente el informe sobre "Distribución del Ingreso" que elaboró el INdEC muestra que, mientras el 10% más pobre de la población concentraba 1,2% del total de la torta, el 10% más rico posee el 32,4%, al término del 3er trimestre del año.
Las reservas brutas del Banco Central, agradecidas, al aumentar US$ 512 millones, en los finales de noviembre: compró US$ 2.156 millones en el mercado de cambios, en el marco de un volumen de transacciones de US$ 21.065 millones, un tercio menos que el mes anterior y -47% en relación al mismo período del año anterior.
La pregunta queda flotando: ¿se hubieran fugado US$ 8.922 millones, como sucedió en agosto y setiembre, si la Administración Macri salía al cruce de la corrida cambiaria posPASO e imponía el control de cambios, como hizo 2 meses después, en lugar de vender lo que demandaba un mercado en estampida?
Así como frente al ojo del FMI se aplicó un torniquete a la balanza de pagos, que reúne todos los movimientos de mercancías, bienes y servicios con el exterior, para reducir el déficit desde los US$ -7.442 millones del 3er trimestre del año pasado a -US$ 1.052 millones de este, el flanco financiero quedó desguarnecido y nada se hizo hasta las vísperas de la elección nacional para detener la hemorragia de divisas.