CEOs vs Dirigentes: Dos estilos enfrentados
En menos de 48 horas Mauricio M. y Alberto F. hicieron apariciones públicas:

En menos de 48 horas Mauricio M. y Alberto F. hicieron apariciones públicas:
> En un encuentro con militantes el exPresidente decidió responsabilizar a ex aliados y funcionarios por sus errores, y
> el Presidente en ejercicio recordó a todos las órdenes que le dio a sus ministros cuando asumieron sus cargos.
Mauricio Macri volvió a hablar públicamente en un encuentro junto a militantes de Cambiemos. Relajado, en confianza, decidió responsabilizar a sus ex socios y funcionarios por el fracaso de su gobierno:
> “No sobreviví al radicalismo” y
> “ Yo les decía a todos que conocía a los mercados, que no nos iban a dar más plata”,
fueron dos frases de su charla que se viralizaron rápidamente.
Pasada la discusión sobre si estas declaraciones fueron elaboradas con anticipación o fueron el producto de la relajación propia de alguien que ya no dirige el destino de 40 millones de personas, nos quedan los hechos: el exPresidente responsabilizó a otros por los errores de su gobierno.
Sin duda, una decisión que se contrasta con la postura que tomó el actual Presidente en su entrevista para C5N el domingo 26/01 por la noche.
Antes de proseguir; es necesario aclarar y reconocer las abismales diferencias que marcan la actualidad de ambos funcionarios. Recién llegado de su primer viaje oficial y con una agenda tan cargada como compleja, Alberto Fernández se encuentra en un estado de máxima concentración e intensidad política, mientras que Macri, por ahora, parece disfrutar no tener encima él la responsabilidad de gobernar.
Acostumbrado a la supuesta lógica empresarial, Macri siempre habló de la conformación de equipos, de convocar a los mejores para que tomaran las diferentes decisiones que implican la conducción de un país. Y cuando estos “mejores” no lograban cumplir con los objetivos anunciados debían ser reemplazados por otros que si pudieran. Le pasó a la canciller Susana Malcorra, la “Messi” de las relaciones internacionales, que presentó su renuncia en 2017; o a Alfonso Prat-Gay que pasó de negociar en Nueva York a debatir el precio de 2 pizzas para luego dejar su cargo en 2016.
Este estilo puede ser muy eficiente pero, a su vez, puede volverse peligroso cuando se comienza a ignorar que, tal vez, el problema no son los jugadores, sino la idea de juego. Cuando los funcionarios pasan sin cumplir sus objetivos, puede ser que los objetivos no sean correctos. Sin embargo las últimas declaraciones de Macri confirman que para él, aún hoy, la culpa fue de los jugadores.
Por otro lado, este domingo, Alberto F. aprovechó la oportunidad para demostrar quién es el tomador de decisiones. Ya sea por estilo o por necesidad, el Presidente resaltó en más de una ocasión que si bien “poner a la Argentina de pie” es un trabajo de todos,
> es él quien se reune con las cámaras empresarias,
> es él quien habló con los principales líderes mundiales, y
> es él quien pidió a sus ministros que no hablen de la pesada herencia y “se pongan a trabajar”.
El propio Juan Peron decia “Conducir es distinto a mandar. Mandar es obligar; conducir es persuadir”; y esta es la premisa que parece atravesar el estilo de Alberto. Es quien vino a unificar el peronismo y es él quien puede conducir a los distintos líderes dentro del Frente. Pero, a su vez, es él el que se sienta en el sillón de Bernardino Rivadavia. No escapa a la responsabilidad, la utiliza.
Él sabe, porque es parte, que
> la política responde a quien tiene el poder,
> el diálogo se termina a la hora de decidir, y
> para capitalizar los éxitos deberá responsabilizarse de los fracasos.
Porque la lógica de “la culpa es de quien estaba a cargo” se agota cuando te responden “vos lo pusiste ahí”.
Las diferencias entre el actual Presidente y el anterior son significativas.
La llegada a la Rosada de Macri se dio luego de que este fuera presidente de Boca Juniors, diputado nacional y Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Más de 20 años en cargos ejecutivos construyendo una imagen (una nueva imagen puesto que ya era una persona pública) y un partido político para ganarle una elección al peronismo y ser el primer Presidente en llegar al poder “por fuera” del esquema político tradicional.
Alberto Fernández, por su parte, es un dirigente con una vida vinculada a la política y el peronismo, quién hasta 2019 había alcanzado el punto más alto de su carrera como Jefe de Gabinete de Ministros de Néstor Kirchner durante todo su mandato y ocupado el mismo cargo por un año durante la presidencia de CFK.
Luego, su rol dentro de la esfera pública ocupó un segundo plano y regresó a su rol de político con capacidad de armar y construir tras bambalinas hasta que fue elegido a dedo por Cristina Frnández Kirchner para ser candidato a Presidente de una fórmula que la incluía a ella misma pero por debajo de él, al menos formalmente hablando.
Primero armador y candidato de un frente electoral en el cual sobraban los nombres de peso, luego Presidente electo en un contexto de crisis y hoy día es el encargado, no solo de conducir los destinos de 40 millones de personas, sino también de darle entidad a una coalición electoral que se enfrenta a los desafíos de gobernar entre egos y vencimientos.
Consciente del peso significativo de la exPresidenta y el apoyo incondicional que ella conserva en (por lo menos) 30% del electorado, él sabe que tiene poco tiempo para demostrar lealtad, capacidad y autoridad.
Con un margen para tomar decisiones que se angosta, no sólo por la coyuntura nacional sino también por la necesidad de consensuar con voces que tienen su propia autoridad dentro de la coalición, debe lograr que aquellos que lo votaron por “ser el elegido de Cristina” lo apoyen en su tarea de “poner a la Argentina de pie”. Una tarea que, como ya expresó el propio Alberto, requiere de la solidaridad de todos pero el liderazgo de uno solo.