BCRA, las Leliq y la banca comercial
El presidente Alberto Fernández afirmó que tiene listo el proyecto de reforma judicial para enviar al Congreso apenas termine la crisis por la pandemia de coronavirus.

El presidente Alberto Fernández afirmó que tiene listo el proyecto de reforma judicial para enviar al Congreso apenas termine la crisis por la pandemia de coronavirus.
Fernández también enviará al Congreso el demorado texto que crea el Consejo Económico y Social.
Además, él enviará la despenalización del aborto.
En cuanto a la ampliación o no de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, solicitará la opinión de constitucionalistas. Es probable que exista la necesidad de conseguir consenso hacia adentro de la Administración, en especial en la línea Alberto F.-CFK. O bien que exista una discreta e informal mesa de diálogo con los referentes de la CSJN.
Mientras tanto, Alberto F. se encuentra muy pendiente de la negociación de la deuda externa pública, que a su vez impacta en la cotización del dólar estadounidense (otra vez el debate acerca de las operatorias MEP y Contado con Liquidación: "No son ilegales, son inconvenientes y dañinas para la economía. (...) Hay una lógica especulativa muy alta"), y la posibilidad de relanzar la economía de manera tal de reducir el impacto negativo del frenazo por la cuarentena, que se sumó a la recesión anterior acumulada.
Aparece en ese punto el reclamo a la banca comercial para que tenga un rol más activo, y la respuesta es considerada dispar y en general insuficiente, respecto de las expectativas de los agentes económicos, en parte generadas por el propio Presidente que debía construir una base base de credibilidad y sosiego en la crisis sanitaria.
Al respecto cabe mencionar algunos problemas instrumentales que se han sucedido para una situación inédita:
> La aparición del FOGAR (Fondo de Garantías Argentino) fue tardía respecto de las expectativas generadas por el propio Presidente.
> La economía argentina tiene un enorme problema de operaciones, salarios y actividades no declaradadas, que no pueden ser consideradas en el momento de adjudicar un préstamo. La asistencia es sobre 'el banco', no sobre el total.
> ¿Cómo ampliar los topes de financiación? No es sencillo el debate porque el Presidente presentó un problema pero encontrar la respuesta no es una mecánica lineal.
> Hay una burocracia concreta, bastante agilizada hoy día respecto de lo que era pero sobre la que todavía hay mucho que trabajar en cuestión de metodologías y evaluaciones.
Un stock de $1,2 billón, pagando un 38% anual mientras que los pases reciben una tasa del 15,2%, obligó ya al BCRA en 2020 al desembolso de $203.000 millones.
El desarme de la deuda remunerada del BCRA involucra los ahorros o posiciones de liquidez de personas y empresas. Es importante recordarlo porque aparece un reclamo extremo: obligar a las entidades a volcar ese dinero a préstamos. No es tan sencillo porque ¿el Fogar asumirá en tiempo y forma las pérdidas posibles provocadas a terceros en la asignación del préstamo?
Ahora bien, el problema trasciende a la banca comercial porque, por ejemplo, el BICE (Banco de Inversión y Comercio Exterior) tiene un horizonte de plazo de sus operaciones que es diferente a las expectativas de los préstamos solicitados a la Sociedad de Garantía Recíproca más grande del país, Garantizar.
La cuestión es comprensible: 12 meses no es igual a 24, la aritmética es implacable, y aquí hay un caso concreto que limita la automaticidad pero que trasciende a los propios protagonistas.
El dinero aparece pero en un contexto diferente, más allá de que es cierto que en la nueva modalidad online hay que lograr una gimnasia nueva en recepcionar, procesar y disponer los recursos.
¿Esto hace cuestionable la actuación de Garantizar o del BICE? No. El sistema tiene sus límites, y lo mismo sucede en la banca comercial más allá del empeño de diversas entidades.
Por lo tanto, apuntar todos los cañones a la banca comercial no resulte más que una excusa política para no enfocarse en las dificultades de la realidad.
Es cierto, tal como lo explica Jorge Herrera, en el diario Ámbito Financiero, que hay una descompensación en la masa monetaria que provoca alguna inestabilidad, y que deben resolverla los economistas del Banco Central.
Herrera explicó que los bancos traspasaron más de $509.000 millones de sus posiciones en pases pasivos a la integración de encajes pero ese dinero no fue volcado a un boom de préstamos. Mucho dinero dando vueltas.
Aquí surge un interrogante acerca de qué hará el BCRA con el stock de deuda remunerada: ¿cómo sincronizar el reclamo al sistema bancario con las acciones propias de la autoridad monetaria?
El BCRA no consigue resolver la conversión de su elevada liquidez en una política de asistencia crediticia del sistema bancario al resto de la economía, pero los enojos políticos van al sistema bancario y no al BCRA.
El BCRA afirma que esta enviando liquidez excedente hacia las nuevas líneas de préstamos promocionadas pero, entonces, ¿por qué la operatoria de Garantizar no es respaldada por el BICE?, por dar un ejemplo.
Un desempeño más eficiente tiene el BCRA en la financiación del Tesoro, porque es un punto-a-punto afiatado desde hace tiempo cuyo límite es la expansión monetaria, en un neto de $490.000 millones. Pero no todo el sistema funciona de esa manera.