Emilia Mernes cuestionó las críticas a “Bodypainting” y la doble vara
El lanzamiento de Bodypainting, el 29 de octubre, reabrió una discusión habitual alrededor de la artista. La canción, de tono sensual y pensada para bailar, recibió cuestionamientos de usuarios que señalaron que volvía sobre temáticas que Emilia ya había explorado en otros trabajos.
Una parte de las críticas apuntó a la letra y otra a la falta de evolución musical que algunos esperaban para esta nueva etapa. La cantante respondió que no todas las canciones tienen que tener un mensaje profundo y que su intención con este tema era ofrecer música para divertirse.
En Luzu retomó ese malestar y lo vinculó con el trato desigual hacia las mujeres. Su ejemplo fue una canción de Anuel que, según señaló durante la charla, ocupa el primer puesto mientras a ella la cuestionan por el contenido de Bodypainting. La comparación apunta a una pregunta concreta: ¿por qué determinadas expresiones sexuales generan un debate tan distinto según quién las cante?
No es la primera vez que Mernes plantea esa discusión. En 2019, cuando presentó Recalienta, ya había contado que recibió críticas por considerar vulgar una canción que hablaba de sexo virtual. En una entrevista con Infobae, sostuvo que a los hombres no se les cuestionaba de la misma manera por cantar sobre esos temas.
En 2025, volvió sobre la cuestión con Perfectas, un EP de seis canciones que abordó, desde la ironía y la exposición personal, las exigencias sobre el cuerpo, la belleza, la sensualidad y la imagen pública de las mujeres.
En la presentación del proyecto explicó que buscaba poner en palabras presiones que también atraviesan a otras mujeres.
La rivalidad entre mujeres y el descrédito por ser la novia de Duki
Otro de los puntos que abordó en Luzu fue la forma en que se construyen rivalidades entre artistas mujeres. Emilia consideró que las comparaciones y los enfrentamientos forman parte de la exposición actual, aunque aclaró que no se toma cada comentario como algo personal.
La cantante también cuestionó que, a pesar de su trayectoria y del trabajo que implica sostener una carrera musical, todavía haya quienes le resten crédito por su relación con Duki. La idea de que llegó a determinado lugar por ser “la novia de” es, para ella, otra forma de desconocer su recorrido profesional.
En ese mismo sentido, se refirió a los rumores sobre su vida sentimental. Dijo que le inventan parejas y cuestionó que se ignore que está en una relación desde hace años. Además de afectar su privacidad, consideró que esa conducta supone una falta de respeto hacia Duki.
¿Toda crítica a Emilia Mernes responde a una doble vara?
El planteo de la cantante abre una discusión que no se agota en la comparación entre las letras de hombres y mujeres. La desigualdad en el trato dentro de la industria musical existe como tema de debate, pero eso no significa que cualquier cuestionamiento a una artista sea necesariamente con el mismo argumento.
En el caso de Bodypainting, por ejemplo, parte de las críticas apuntó a la repetición de fórmulas y a la distancia entre las expectativas que generó el anuncio de una nueva etapa y el resultado musical.
Esas observaciones pueden discutirse desde lo artístico, sin que por eso deban confundirse con ataques a su cuerpo o su vida privada.
También hay otra dimensión que suele quedar fuera de la discusión: el público que consume su música.
Emilia tiene una audiencia joven, con chicas y adolescentes que siguen sus canciones, sus videos y sus presentaciones. Su libertad para elegir qué cantar y cómo mostrarse no está en discusión, pero cabe preguntarse si alguna vez se detuvo a hablar concretamente del alcance de esos contenidos entre sus seguidoras más chicas.
La artista sí se refirió en distintas oportunidades a la hipersexualización y a la decisión de mostrar su cuerpo desde una elección propia. En una entrevista con Elle en 2025, defendió esa autonomía y volvió a cuestionar que la sensualidad de las mujeres genere un debate diferente al de los hombres.
Sin embargo, esa discusión no responde por sí sola qué lugar les asigna a las niñas y adolescentes que también forman parte de su audiencia.
La doble vara que denuncia Emilia merece ser discutida, sobre todo cuando se compara el tratamiento de las artistas con el de sus colegas hombres. Pero la conversación también puede incluir preguntas sobre sus decisiones musicales, la repetición de recursos y el vínculo con su público. Una cosa no invalida la otra.
La hipersexualización en la música y el público adolescente: una discusión que va más allá de Emilia
La discusión sobre las letras y las imágenes de Bodypainting también permite abrir una pregunta más amplia: ¿qué pasa cuando canciones con contenido sexual explícito o representaciones hipersexualizadas llegan a públicos cada vez más jóvenes?
No es un debate exclusivo de Emilia Mernes. La música urbana, el reggaetón y el trap forman parte del consumo cotidiano de adolescentes, que muchas veces acceden a esos contenidos desde el celular y las plataformas digitales.
Un informe elaborado por UNICEF y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), a partir de la Encuesta Nacional de Consumos Culturales de 2022/2023, muestra la dimensión de ese vínculo en Argentina: el 98% de las personas de entre 13 y 17 años escucha música todos o casi todos los días.
Entre los géneros más elegidos aparecen la cumbia y el reggaetón, con el 75%; el rap, trap y hip hop, con el 70%; y el pop latino e internacional, con el 51%. Es decir, los adolescentes no son un público marginal para estos estilos: están entre sus principales consumidores.
La preocupación tampoco se limita a las letras explícitas. Un estudio publicado en 2022 en la Revista Internacional de Educación Musical analizó las representaciones de las mujeres en el reggaetón y relevó las respuestas de 406 estudiantes de secundaria de Barcelona y su área metropolitana.
La investigación puso el foco en cómo aparecen las mujeres en las canciones y en la importancia de promover una escucha crítica entre los adolescentes.
Otro trabajo, publicado en 2025 en la revista Women's Studies International Forum, exploró cómo adolescentes españoles de entre 12 y 19 años interpretan las letras y los videos del reggaetón.
Entre los ejemplos analizados aparecen canciones de Bad Bunny. Los participantes identificaron representaciones en las que las mujeres quedan reducidas a su atractivo físico o a su función sexual. El estudio también plantea la necesidad de fortalecer la alfabetización mediática y de género para que los jóvenes puedan analizar críticamente lo que escuchan y ven.
El propio Bad Bunny permite ver que el debate no es lineal. Su música incluye canciones y videos que cuestionan ciertos mandatos de género, pero también convive con representaciones que han sido señaladas por reproducir estereotipos.
Uno de los casos más concretos ocurrió con “+57”, la colaboración de Karol G, J Balvin y otros artistas colombianos. La canción generó una fuerte polémica por una referencia a una adolescente de 14 años en un contexto sexualizado. Después de las críticas, los artistas pidieron disculpas y se publicó una versión modificada en la que la edad mencionada pasó a ser 18.
En 2026, la Corte Constitucional de Colombia consideró que la canción había vulnerado los derechos de niños, niñas y adolescentes por sexualizar a menores.
La Asociación Estadounidense de Psicología también abordó el tema en un informe sobre la sexualización de las niñas. Allí distinguió la sexualidad saludable de la sexualización: esta última aparece, entre otras situaciones, cuando el valor de una persona queda reducido a su atractivo sexual o cuando se le imponen representaciones adultas que no corresponden a su edad.
El documento advierte sobre los mensajes que transmiten distintos medios, entre ellos las letras y los videoclips musicales.
Esto no significa que escuchar una canción determine cómo va a comportarse un adolescente ni que los artistas deban evitar cualquier referencia al sexo.
Tampoco supone que una mujer adulta no pueda cantar sobre su deseo o mostrar su cuerpo por decisión propia. La discusión pasa por otro lado: qué imágenes se repiten, qué modelos de vínculos y de cuerpos circulan y qué herramientas tienen los públicos más jóvenes para interpretarlos.
En ese escenario, la pregunta sobre Emilia no debería ser si tiene que dejar de hacer música sensual. Puede ser, en cambio, qué lugar ocupa la audiencia adolescente en una industria que obtiene buena parte de su alcance de esos consumidores y cómo se aborda la responsabilidad de comunicar cuando una canción llega a públicos de distintas edades.
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