Kevin Grunbaum, especialista citado en el informe, fue todavía más directo: "Hay una caída consistente, es decir, cada vez aparece menos el Gobierno". Según explicó, la reducción se observa también en los "me gusta", los mensajes compartidos y los comentarios, es decir, en esas interacciones que durante el primer tramo del fenómeno libertario eran la nafta que mantenía viva la conversación.
La explicación tampoco sería solamente algorítmica. Como sostuvo Grunbaum, "La fatiga del fenómeno libertario responde a la falta de empatía temática, a fallas en la estrategia de comunicación y al impacto de diversos escándalos que erosionaron la narrativa antisistema". Ahí surge uno de los problemas principales de Milei: llegó al poder prometiendo patear el tablero, pero ahora gobierna desde adentro de ese mismo tablero.
Por eso el especialista resumió el cambio con una frase demoledora: "A Milei se lo empieza a percibir como uno más". Además, señaló que "los temas de los que habla el Gobierno no son necesariamente los temas que le son relevantes a una sociedad en este momento".
Los números de las entrevistas tampoco ayudan a sostener la épica digital. El 14 de mayo de 2026, una extensa entrevista de Milei en el streaming Carajo registró 279.000 visualizaciones, mientras que ese mismo día su aparición en Neura alcanzó 155.000. Contrastado con una que tuvo en diciembre de 2024, es bastante grande la diferencia, pues en esta última había superado las 1.400.000 visualizaciones.
La militancia digital también parece haber perdido parte del músculo que supo exhibir. Ad Hoc analizó la actividad de 15 usuarios libertarios destacados, entre ellos Gordo Dan, La Derecha Diario y TraductorTeAma, y concluyó que esas cuentas mencionan menos al Presidente, generan menos interacciones y perdieron capacidad para instalar temas.
La consultora explicó que "Los escándalos públicos y la falta de insumos positivos cambian la dinámica de la comunidad que promocionó a Milei como producto político". Y agregó que "la comunidad libertaria se apoyó este año en la crítica a la oposición y a los periodistas más que en compartir o valorar la gestión".
Irónicamente, el mileísmo vendía la idea de que las redes eran la demostración más pura de apoyo popular porque allí supuestamente "hablaba la gente". Desde el oficialismo lo justifican con que X modificó su funcionamiento y que actualmente "penaliza" el estilo de Milei, especialmente porque el Presidente cita frecuentemente publicaciones y contenidos.
Pero eso no se condice las visualizaciones y las interacciones que se tienen registradas. Y mientras la oposición no consigue construir quien dispute el volumen de conversación de Milei, el Gobierno perdió parte de su capacidad para decidir de qué se habla.
La multitud fantasma de Milei: cientos de miles de cuentas bajo sospecha
Y entonces aparece el dato que vuelve todavía más incómoda la discusión. Porque si las interacciones bajan, las visualizaciones caen y la conversación pierde intensidad, uno podría imaginar que también debería desacelerarse el crecimiento de la comunidad digital de Milei.
Pero ocurrió exactamente lo contrario.
El Presidente superó los 4,6 millones de seguidores en X, unos 600.000 más que a comienzos de 2026, cuando había alcanzado los cuatro millones. Y el salto se aceleró especialmente durante los últimos meses. Hasta ahí, cualquier político podría sacar pecho, subir una captura de pantalla y festejar que “la gente sigue acompañando”.
El problema aparece cuando se mira quiénes componen ese crecimiento.
Un análisis realizado por un especialista en monitoreo y recopilación de datos digitales que mantiene su identidad en reserva bajo la cuenta Binary Data examinó más de 2 millones de perfiles que siguen al Presidente. El relevamiento encontró que 557.000 cuentas, equivalentes al 28,59% de la muestra, no registraban ningún tipo de actividad.
Y cuando el análisis se concentra en los seguidores incorporados durante 2026, las cifras se vuelven todavía más llamativas: 659.174 cuentas creadas este año comenzaron a seguir a Milei. De ese universo, 473.175 no tienen seguidores ni publicaciones.
La aceleración tampoco fue pareja. En junio se incorporaron alrededor de 143.000 cuentas creadas durante 2026, en julio fueron 148.000 y en agosto otras 127.000. Una avalancha bastante particular: miles y miles de usuarios recién nacidos en X que aparentemente llegaron, siguieron al Presidente y después decidieron no hacer absolutamente nada.
El recorte sobre los últimos 500.000 seguidores incorporados por Milei también deja una postal curiosa. Según el relevamiento, 459.000 tienen entre cero y cinco seguidores, 334.000 no realizaron publicaciones y 461.000 fueron creados durante 2026.
Binary Data, utilizando diferentes indicadores para clasificar los perfiles, identificó de manera “conservadora” 762.338 usuarios sospechosos. Eso no significa que pueda afirmarse que las 762.338 cuentas son bots ni que todas hayan sido compradas. Una cuenta sin publicaciones puede perfectamente pertenecer a una persona real que utiliza X únicamente para leer y seguir determinadas cuentas.
Pero cuando aparecen simultáneamente perfiles sin actividad, sin fotografías personales, con nombres cargados de números, cuentas recién creadas y comportamientos extraños, la pregunta deja de ser absurda.
Más todavía cuando aparecen usuarios de lugares como Indonesia o Nigeria participando en discusiones políticas entre argentinos, como ocurrió durante el intercambio entre Santiago Oría y Alejandro Rozitchner. Y en aquel episodio hubo otro detalle bastante poco elegante para una supuesta operación sofisticada: varias respuestas repetían la palabra “reply”, dejando expuesto el patrón de las cuentas.
Los bots, justamente, son cuentas automatizadas que pueden utilizarse para inflar artificialmente una audiencia, multiplicar interacciones, simular respaldo o intentar condicionar el funcionamiento de los algoritmos. Es un negocio que existe desde hace años y que se comercializa como un servicio más del mercado digital.
Pero el dato más interesante no está solamente en cuántas cuentas podrían ser falsas. Está en lo que ocurre cuando se comparan esos seguidores con las métricas reales de Milei.
Porque mientras el contador de followers sube, la interacción cae.
Un informe de Sustantiva Digital citado por Bardeo mostró que el promedio de “likes” de las publicaciones de Milei pasó de aproximadamente 12.000 a 5.000 en dos años. Las visualizaciones promedio también retrocedieron de unas 400.000 a 95.000.
Es decir: más seguidores, menos reacción.
Una multitud cada vez más grande en la planilla y cada vez más silenciosa frente a la pantalla. Es, por lo menos, una contradicción bastante graciosa para un espacio político que convirtió durante años los números de X en una especie de certificado de legitimidad popular.
Y entonces llega la pregunta inevitable: ¿quién puso la plata?
Según las estimaciones incluidas en el relevamiento, adquirir 500.000 seguidores falsos podría costar alrededor de US$90.000 en las opciones más económicas. Si se incorporan herramientas como VPN, servidores proxy y mantenimiento para intentar evitar la detección de las cuentas, la operación podría superar los US$200.000.
Pero acá hay que hacer una pausa: no existe, a partir de estos datos, una prueba pública que permita afirmar quién compró esas cuentas, quién las administró o siquiera que todas hayan sido adquiridas deliberadamente.
Lo que sí existe es una coincidencia temporal que despierta sospechas. El crecimiento más fuerte de seguidores se produjo mientras Santiago Oría ganaba peso dentro de la estrategia digital del Gobierno, luego de que Karina Milei impulsara su mayor protagonismo en esa área.
Oría amplió su estructura, sumó colaboradores, impulsó el Círculo de Pensamiento Liberal y creó el portal Contra Relato, además de producir tres manuales destinados a fijar líneas argumentales para defender al Gobierno, atacar la gestión kirchnerista y confrontar con la prensa. Según su entorno, incluso hubo una pequeña ayuda de la inteligencia artificial para “emprolijar” los textos y aportar ideas.
Todo esto se desarrolló, además, en medio de una interna feroz entre distintos sectores del aparato digital libertario. Una hipótesis sostiene que el grupo vinculado con Oría podría haber utilizado bots para mostrar mejores resultados en la pelea contra Las Fuerzas del Cielo, el espacio que responde políticamente a Santiago Caputo. Otra teoría apunta justamente en sentido contrario: que los propios fuerzadelcielistas podrían haber impulsado la operación para perjudicar a Oría.
El propio cineasta dejó una frase cuando quedaron expuestas las cuentas sospechosas: “Están gastando mucha guita para operar en mi contra. No tiren la plata, muchachitos”.
Y existe una tercera hipótesis, bastante más sencilla y por eso mismo difícil de descartar: que el objetivo sea mantener alto el número de seguidores de Milei para que el Presidente no perciba el deterioro de sus métricas reales.
Porque Milei siempre estuvo particularmente pendiente de su repercusión digital. Desde la campaña de 2023 hasta sus intervenciones internacionales, el Presidente suele exhibir con orgullo las cifras que consiguen sus publicaciones y discursos.
Por eso la paradoja resulta tan incómoda: 4,6 millones de seguidores, cientos de miles de cuentas sospechosas y una caída considerable de las interacciones.
El verdadero problema, entonces, no es solamente si hay bots. El verdadero problema es qué ocurre cuando un Gobierno necesita mirar el contador de seguidores para convencerse de que sigue teniendo una multitud detrás.
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