1. Nunca decir 'no me toco la cara'
"Es contraproducente, si te lo repites puede que hasta te empiece a picar la nariz", dijo la especialista. Es importante cuidar la forma en la que se habla, para no sabotear los intereses de cada uno. Es mejor reformular la frase, siempre en positivo, ya que lo negado atrae. Un ejemplo podría ser "Voy a mantener las manos en su lugar·.
2. Pensar constantemente que uno lo está haciendo bien
Ganar confianza en uno mismo es fundamental para convertir este acto en hábito. Si cada vez que uno consigue salir a la calle y no se toca la cara se dice que lo está haciendo muy bien, gana seguridad en sí mismo. Es recomendable también decírselo a otros, para apoyarse mutuamente en esta tarea.
3. El sentido del humor es de ayuda
En momentos en los cuales la ansiedad prima, reírse descomprime y relaja. Además, prepara a las personas para que sean más conscientes de sus actos. "Cada vez que sales de casa hay que prestar atención a las manos y cuanto más consciente está uno, más atención presta", indicó Wood.
4. Que la ansiedad no gane
"La emoción que más acompaña al estrés es la ansiedad, que conduce a movimientos más repetitivos, a tocarte más la cara, genera inquietud y hace que aparezcan pensamientos negativos. Hay que tratar de visualizar en la mente los movimientos que vamos a hacer para evitar tocar superficies contaminadas, y luego llevarlos a cabo", propuso la psicóloga. Estos pensamientos llevan tranquilidad y bajan el estrés.
5. Encontrar otro límite físico en situaciones de riesgo
El aislamiento social indica que lo más prudente es salir de casa pocas veces. La puerta de casa es la primera frontera por cruzar, pero si se debe salir por cuestiones de fuerza mayor, utilizar otros métodos para evitar que las manos se posen en la cara es completamente lógico. Ponerlas constantemente en los bolsillos o utilizar guantes pueden ser buenas soluciones.