Para obtener estos resultados, el equipo de Choi analizó los registros de una base de datos nacional de personas que completaron cuatro exámenes de salud anuales, incluido el consumo de alcohol. El seguimiento duró un promedio de seis años.
Las personas que bebían 105 gramos o más por semana se consideraban bebedores moderados, lo que equivale a 15 gramos por día, es decir: una copa de vino o un tercio de cerveza por día.
Quienes bebían de forma moderada a excesiva durante dos o más años tuvieron un 20% más de probabilidades de sufrir un derrame cerebral que quienes no bebían o tomaban menos de 105 gramos por semana.
A medida que aumentaba el número de años de consumo, también aumentaba el riesgo de ACV: con dos años el porcentaje era 19%, con tres años un 22% y con cuatro años un 23% más de riesgo.
"Dado que más del 90% de la carga del ictus en general puede atribuirse a factores de riesgo potencialmente modificables, incluido el consumo de alcohol, y dado que el ictus en los adultos jóvenes tiene un grave impacto tanto en el individuo como en la sociedad al limitar sus actividades durante sus años más productivos, debe hacerse hincapié en la reducción del consumo como parte de cualquier estrategia preventiva”, recomendó Choi.
El trabajo fue publicado en Neurology, la revista médica de la Academia Estadounidense de Neurología.
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