Luego, supervisaron los patrones de actividad de los voluntarios durante una semana y probaron qué “combustible” preferían sus cuerpos en reposo y mientras realizaban ejercicio de intensidad moderada o alta en una cinta.
De acuerdo al informe publicado en Experimental Physiology, quienes se despertaron temprano eran más sensibles a los niveles sanguíneos de la hormona insulina y quemaban más grasa en comparación a quienes pasaban despiertos más tiempo a la noche mientras descansaban y hacían ejercicio.
En síntesis, los noctámbulos eran menos sensibles a la insulina y sus cuerpos preferían los carbohidratos a las grasas como fuente de energía.
Malin dijo que no estaba claro por qué se observaron diferencias en el metabolismo de ambos grupos, pero “una posible explicación es que se desalinean con su ritmo circadiano".
Si una persona es nocturna es posible que prefiera irse a la cama tarde pero aun así tenga que levantarse temprano para ir a trabajar o cuidar a los niños, lo que puede obligarlos a estar desalineados con sus relojes biológicos, explicó.
Los resultados, “podrán ayudar a los profesionales médicos a considerar otro factor de comportamiento que contribuye al riesgo de enfermedad", concluyó Malin.
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