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Los libros no sólo no muerden sino que alargan la vida

Los libros atrapan al 40% de adultos mayores, pese a que los lectores tienen 20% menos de riesgo de morir. Conviene alternar el sillón con la actividad física.

Los libros no sólo no muerden sino que representan un bonus de supervivencia para los adultos mayores, que le devuelve al sillón un espacio en las rutinas que los médicos promotores de la actividad física desalientan aprovechar: según un estudio, los lectores de libros tienen un 20 % menos de riesgo de morir.

Durante el seguimiento efectuado por el Instituto de Investigación Social de la Universidad de Michigan, que contó con el apoyo del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento y fue financiado por los Institutos Nacionales de Salud, en los más de 12 años analizados murió el 33% de los no lectores de libros, mientras el 27% de los lectores de libros se mantuvo con vida.

La cohorte consistió en 3635 participantes del Estudio Nacional de Salud y Jubilación, representativo a nivel nacional, que proporcionaron información sobre sus patrones de lectura al inicio del estudio.

Fueron sus principales conclusiones:

-No hace falta leer durante horas, sino que bastan entre 20-30 minutos al día, de forma constante, para generar beneficios duraderos para la salud del cerebro.

-La lectura de libros, más que la de los periódicos/revistas, proporciona una ventaja de supervivencia entre los adultos mayores, que funciona a través de un mediador cognitivo.

-Los libros son protectores independientemente del género, la riqueza , la educación o la salud.

Los libros se leen cada vez menos

A partir de la edad jubilatoria, apenas el 40% de los mayores de 65 años reconoce leer libros, de acuerdo con la última Encuesta Nacional de Consumos Culturales realizada por el Ministerio de Cultura, con datos relevados del 2022.

A ese nivel de participación se llega luego de identificar que la adultez es el periodo en el que la gente menos lee: solo el 46% de las personas entre 30 a 49 años afirma haber leído un libro y ese porcentaje se mantiene entre los 50 y 64 años.

Si se traspolan estos datos con los del Estudio Nacional de Salud y Jubilación, la conclusión es que, aunque los libros pueden exponer a nuevas personas y lugares, no consta que también ofrezcan beneficios para la salud más allá de otros tipos de lectura.

La llegada de la lectura digital enfrenta a un panorama en el que los impresos y el libro electrónico conviven, lo cual ofrece nuevas maneras de vinculación con la lectura.

Las tecnologías de la información se integran en el acto de leer: desde dispositivos electrónicos como e-books, tablets y smartphones, hasta el acceso a internet que brinda una cantidad ilimitada de recursos y formatos digitales para leer.

El formato digital no solo se trata de la transición de papel a pantalla, sino que también abarca el cambio en las prácticas de lectura y escritura.

El medio digital ha llevado hacia la lectura interactiva, donde las herramientas digitales enriquecen la experiencia lectora con funciones como búsqueda instantánea de palabras, enlaces a contenido relacionado y diccionarios integrados, lo que amplía así las habilidades cognitivas de una forma nunca antes vista.

La lectura en pantallas o en libros formato papel exigen distinta concentración.

Los obstáculos a afrontar

Los obstáculos a abordar de manera efectiva en el entorno educativo son:

Distracciones constantes: Los dispositivos digitales pueden interrumpir la concentración con notificaciones y otras distracciones, lo cual puede mermar la calidad de la lectura. Un estudio realizado por Copeland & Gedeon en 2015 muestra que las distracciones visuales en entornos digitales afectan la comprensión lectora, con mayores efectos en lectores de segunda lengua y textos fáciles.

Disminución de la comprensión lectora: La multitarea, comúnmente conocida como "multitasking", en el uso de dispositivos, puede obstaculizar la capacidad de sumergirse completamente en el texto, afectando seriamente la comprensión.

Superficialidad en la lectura: Según Pae (2020), la rapidez y brevedad de los textos digitales pueden fomentar un escaneo rápido en lugar de una lectura profunda y reflexiva, lo que comunmente llamamos lectura en "F". Si bien el escaneo es una de las micro-habilidades de lectura, no favorece la comprensión profunda de un texto, sino la extracción rápida de información.

Disminución de la paciencia lectora: La inmediatez del acceso a la información puede reducir la tolerancia para lecturas largas y complejas, afectando el desarrollo de la paciencia y la perseverancia.

Efectos en la retención de información: Estudios como el de Mangen, Walgermo & Brønnick (2013) concluyen tajantemente que la lectura en pantalla puede disminuir la capacidad de retener y recordar información comparada con la lectura en papel.

No es fácil sentarse a leer

Los adultos mayores que transcurren gran parte del día entre el celular y la televisión entienden que no es tan fácil sentarse en el sillón y destinarle un rato a leer un libro, porque aunque se formó en un mundo analógico, terminó siendo absorbido por la cultura digital.

Y preocupa que las generaciones futuras continúen sintiendo esta grieta en la capacidad de comprensión.

De ahí que las sociedades más antiguas estén tomando nota de este vaciamiento intelectual y ya seis naciones de Europa —Suecia, Finlandia, Noruega, Francia, Italia y Dinamarca— estén retirando las pantallas de los salones de clases para devolver el protagonismo a los libros impresos, la lectura profunda y la escritura tradicional a mano.

Librería en Av. Corrientes líquida remanentes de la Feria del Libro.

Suecia lideró este freno en 2023, cuando su Ministerio de Escuelas canceló las tabletas obligatorias y reinvirtió cientos de millones de coronas en textos físicos.

Dinamarca ha destinado 540 millones de coronas para sustituir dispositivos digitales por libros físicos, distribuyendo inicialmente 17,500 ejemplares en sus escuelas, bajo la meta estricta de erradicar los teléfonos móviles de los entornos escolares para el año 2027.

Por su parte, Francia e Italia ya aplican prohibiciones severas contra los smartphones desde la educación primaria, reintroduciendo las agendas de papel y la escritura manual.

En la región nórdica, Noruega reporta que el 96% de sus escuelas primarias ya mantiene los dispositivos móviles fuera de las aulas, mientras que Finlandia aplica restricciones similares desde 2024.

El movimiento conjunto de estos países plantea un debate global sobre los límites y los verdaderos costos pedagógicos de la digitalización temprana.

Esta transición radical no responde a la nostalgia, sino a una creciente evidencia científica que vincula el papel y el lápiz con mejoras drásticas en la memoria, la concentración y la comprensión cognitiva, una inversión a futuro.

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