Aquellos que comieron más al comienzo del estudio mostraron un deterioro cognitivo ligeramente mayor en comparación con aquellos que comieron poco o nada de estos alimentos.
A pesar de las diferencias estadísticas, todavía no está claro si el efecto es significativo a nivel de una persona individual.
El segundo estudio incluyó a 72.000 participantes en el Reino Unido y midió la asociación entre comer ultraprocesados y la demencia.
Entre las personas que consumían más cantidades, cerca de una de cada 120 fueron diagnosticadas con demencia durante un período de 10 años. Para el grupo que consumió poco o nada de estos alimentos, el número fue de 1 cada 170.
Los alimentos ultraprocesados se definen como productos bajos en nutrientes y fibra, y altos en azúcar, grasa y sal en comparación con los alimentos sin procesar o mínimamente procesados. Por ejemplo: gaseosas, galletitas, papas fritas, comidas congeladas, yogur, bebidas alcohólicas.
“Otra forma de verlo: es probable que no encuentre los ingredientes que componen la mayoría de estos alimentos en la cocina de su casa”, explicó Burke, debido a que contienen: aditivos, conservantes o colorantes.
Con todo, no son lo mismo que los procesados, que aún conservan la mayoría de sus características naturales, aunque hayan sufrido algún tipo de procesamiento. Por ejemplo: verduras enlatadas, pasta seca o frutas congeladas.
De momento, las investigaciones han demostrado correlaciones entre ultraprocesados y deterioro cognitivo, no causalidades. Además, “no se pueden descartar otros factores del estilo de vida como el ejercicio, la educación, el estatus socioeconómico, las conexiones sociales, el estrés y muchas más variables que pueden influir en la función cognitiva”, reflexionó Burke.
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