
"Según nuestros hallazgos, estaría justificada una intervención temprana que aborde los síntomas del insomnio o medidas destinadas a mejorar la calidad del sueño", dijo la coautora Tea Lallukka.
Precisamente, el equipo estudió los problemas para dormir en la mediana edad y sus efectos sobre la memoria, la capacidad de aprendizaje y la concentración una vez que la persona se jubilaba.
El período de seguimiento fue de entre 15 a 17 años. En efecto, encontraron que las dificultades cognitivas aumentaron a medida que se prolongaban los síntomas.
Investigaciones anteriores han demostrado que una serie de mecanismos explican cómo el sueño afecta el funcionamiento del cerebro, pero lo que hace excepcional al nuevo estudio es el largo período de seguimiento de los participantes.
Entre otras cosas, los resultados también demostraron que, si los problemas para conciliar el sueño disminuían con los años, el funcionamiento cognitivo era mejor más adelante en la vida en comparación con el malestar persistente.
Hay muchas formas de mejorar la calidad del sueño, tales como:
“En estudios posteriores, sería interesante arrojar más luz sobre, por ejemplo, si el tratamiento del insomnio también puede ralentizar el desarrollo de trastornos de la memoria”, señaló Lallukka.
En conclusión, según el trabajo dirigido por Antti Etholén y publicado en el Journal of Aging and Health, el insomnio de larga duración debería considerarse un factor de riesgo del funcionamiento cognitivo deficiente.
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