Ser viejo no implica aceptar a los hijos como padres

A viejo se llega con autonomía económica y plenitud o con carencias que, al asumirlas, los hijos se tornan padres de sus padres. El edadismo marca límites.

El Código Civil y Comercial de la Argentina establece que existe un deber de asistencia familiar entre parientes, no sólo los progenitores están obligados a cuidar de sus hijos, sino que éstos también tienen la obligación de procurar y cuidar frente a las necesidades de sus progenitores en cuestiones alimentarias, señala el abogado tandilense Gaston Argeri.

Recientemente, un juez de familia de Santa Fe dictó un fallo según el cual tres hijos tienen que pasar la cuota alimentaria en favor de su madre y ordenó a cada uno de los hermanos aportar casi 1 millón de pesos, pero fue claro al resaltar que "el dinero es lo menos importante, lo esencial en este caso en particular es el acompañamiento y el afecto en cuanto a su progenitora".

Llegar a viejo desguarnecido

La mujer, de ochenta años y con demencia vascular, necesitaba asistencia las 24 horas y sus ingresos no eran suficientes para cubrir todos sus gastos. En casos como éste, cuando una madre anciana precisa cuidados especiales, cabe distinguir la diferencia entre acompañar y anular la voluntad del adulto mayor.

Sucedió que una de las hijas se hacía cargo exclusivamente de todos los cuidados de su madre, mientras que los otros hermanos no colaboraban y así fue como ella concurrió a la justicia para hacer un reclamo de cuota alimentaria en favor de sus progenitores.

El "sorprendente" fallo establece que la obligación alimentaria también aplica de hijos a padres, sobre todo ante situaciones de vulnerabilidad.

En consecuencia, ¿será mito o verdad que llega un momento de la vida en el cual todo hijo debe convertirse obligatoriamente en padre de sus padres?

¿Hasta dónde es esta obligación, hasta qué punto está obligado el hijo a ser padre de sus padres y hasta qué punto estos padres están obligados a ser hijos de sus hijos?

¿Entonces, parir —o criar, que no es lo mismo— pasa a convertirse en el origen de una deuda que el hijo debe saldar, aunque nadie le preguntó si aceptaba los términos?

Atender a un padre que envejece agota, pero no cambia nada esencial: él sigue siendo el padre, aunque ya no recuerde el nombre de quien le cuenta las pastillas.

El problema empieza cuando el hijo decide que ahora es el padre de su padre.

Se pensó para la relación padre-hijo, pero resulta igual de útil cuando el recorrido es inverso: acompañar desde la responsabilidad adulta sin despojar al otro de su deseo.

Antes de hablar de cómo cuidar, conviene hacerse una pregunta incómoda: ¿los hijos tienen obligación de cuidar a sus padres?

El manual de moral no admite la discusión, pero la experiencia clínica sí.

El edadismo es una discriminación social que está presente tácitamente en la relación entre padres mayores e hijos.

Prepararse para ser viejo

Desde otra óptica, el concejal de San Joaquín, psicólogo, especialista en adicciones y presidente de la Comisión de Seguridad, Jozo Vukelic, se dirige a los que están en camino de ser viejos, y les dice: "Tus hijos no son tu seguro de vejez, si crees que te cuidarán de viejo, que te van a cuidar cuando envejezcas, recuerda que los asilos y residencias también están llenos de personas que también tuvieron hijos y no te lo digo esto para que desconfíes de ellos, sino porque tener hijos no es un plan para la vejez".

Y advierte: "Durante años muchas personas vivieron pensando que cuando sea viejo mis hijos van a estar conmigo, pero los hijos crecen, tienen pareja, tienen familia, trabajo, actividades, se endeudan, se cambian de ciudad, e incluso de país, algunos tendrán tiempo, otros harán todo lo posible por estar, y otros aunque te amen profundamente, no podrán cuidarte como lo imaginabas, porque una cosa es amar a los padres y otra muy distinta es hacerse cargo de una persona que necesita atención diaria, medicamentos, alimentación, traslados, cuidados físicos o supervisión permanente".

Es el prólogo para la gran estocada: "Por eso hay una pregunta que muchas veces evitamos hacer: qué estoy haciendo hoy para prepararme para mi propia vejez, porque quizás el mayor error no sea envejecer solo, sino llegar a viejos descubriendo que durante toda la vida se construyó un futuro dependiendo de que otra persona esté disponible".

En muchas familias se da la parentalización (ser padre de sus padres). Casi siempre ocurre donde uno de los padres es alcohólico, consumidor de drogas, inseguro o se ve en la necesidad de descargar en el hijo responsabilidades que corresponden a él.

El edadismo aplicado en las relaciones entre padres mayores que necesitan atención y apoyo económico y sus hijos distorsiona los roles de cada uno.

Los hijos no son los responsables de la familia, sino los padres. Los hijos no deben llenar las necesidades emocionales de sus padres (esto es incesto emocional).

Ningún hijo debe ser el responsable de la familia y de sus padres. Excepcionalmente, solo debe serlo por poco tiempo, y los padres deben tomar su posición de autoridad y liberarlo de ese rol lo más pronto posible.

Ser padres es algo solo para adultos.

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