Para obtener respuestas, registraron el comportamiento y las actitudes de 54 universitarios sanos con encuestas diarias durante un mes. Una vez al día respondían preguntas sobre su nivel actual de propósito en la vida, sobre cuánto ansiaban tomar y cuánto alcohol habían consumido.
Asimismo, los investigadores les realizaron escáneres cerebrales que dieron una imagen en tiempo real de su actividad cerebral mientras estaban expuestos a señales de alcohol, como fotos de cerveza, vino y licor o fotos de personas brindando en una fiesta.
Aquellos participantes cuyos cerebros mostraban una mayor actividad cuando veían señales de alcohol eran más propensas a beber después de anhelar el alcohol, naturalmente.
Pero cuando estos datos se compararon con los resultados sobre el propósito de la vida, el equipo encontró algo interesante: estos bebedores neurosensibles no necesariamente bebían más si sentían un fuerte propósito en la vida cuando anhelaban el alcohol.
“Este hallazgo abre la puerta al descubrimiento de nuevas estrategias para desalentar el consumo excesivo de alcohol en estudiantes universitarios, especialmente aquellos con mayor reactividad de señales neuronales, no hablando específicamente de beber, sino ayudando a los estudiantes a enfocarse en su misión, propósito y valores”, resume un comunicado de la universidad de Pensilvania.
El trabajo fue publicado en la revista Addiction.
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