Aquella segunda amenaza terminó siendo una falsa alarma y no se localizaron artefactos dentro del estadio, pero el cuadro general fue suficiente para colocar a Messi como el futbolista que más alertas de seguridad acumuló durante el campeonato. FBI e IPCC (Centro para la Cooperación Policial Internacional) siguieron cada episodio dentro de un operativo internacional montado específicamente para un Mundial que movilizó a millones de personas entre Estados Unidos, México y Canadá.
Lo llamativo es que buena parte de esa tensión nunca llegó al espectador. Messi salió a la cancha, Argentina siguió compitiendo y los partidos se disputaron con normalidad, mientras detrás de escena policías, agentes federales y equipos especializados trabajaban sobre amenazas que incluían desde mensajes anónimos hasta referencias concretas a armas y atentados suicidas. El informe conocido ahora muestra que el riesgo que rodeó al argentino fue bastante más serio de lo que pudo percibirse durante el torneo.
Del acoso a Cristiano a 6.000 amenazas: la cara más violenta del Mundial
Lo ocurrido alrededor del diez albiceleste fue el caso más grave, pero estuvo lejos de ser el único. Cristiano Ronaldo, el Bicho o simplemente CR7, también aparece repetidamente en los informes como uno de los futbolistas más perseguidos por aficionados obsesionados. Durante la fase de grupos, la FIFA alertó al FBI sobre un hombre que estaba intentando conseguir información del hotel de Portugal en Houston y, apenas dos días más tarde, la policía terminó localizándolo dentro del propio alojamiento del combinado luso.
La historia volvió a repetirse en Toronto, ya durante la fase eliminatoria. Otro individuo intentó colarse en un ascensor junto al portugués y aseguró que únicamente pretendía sacarse una fotografía con su ídolo; el episodio no pasó a mayores, aunque terminó detenido por la policía local. En esa misma ciudad, durante el Portugal-Croacia de dieciseisavos de final, un aficionado consiguió incluso saltar al campo para acercarse al delantero. El partido terminó 2-1 y clasificó a los lusos a octavos.
Cristiano Ronaldo durante el Mundial. El portugués también quedó bajo vigilancia después de varios episodios de acoso e intentos de aficionados por acercarse a él.
FOTO: MCGUELBER / ODYSSEY IMAGES VIA AFP
El odio tampoco quedó reservado para las dos grandes figuras de la época. Kylian Mbappé sufrió ataques xenófobos después del encuentro entre Francia y Paraguay, mientras en el país sudamericano algunos aficionados llegaron a quemar públicamente un muñeco con su imagen. Alexander Sorloth, Jaminton Campaz y Lucas Digne también recibieron amenazas de muerte por acciones puntuales dentro de la cancha; en el caso del francés, los ataques aparecieron después de cometer un penal sobre Lamine Yamal. Todas esas situaciones quedaron incorporadas a los reportes del Centro para la Cooperación Policial Internacional, el dispositivo coordinado por el FBI para seguir las amenazas vinculadas con la Copa del Mundo.
Pero probablemente ningún episodio permita medir mejor la violencia desatada alrededor del torneo que el de François Letexier. Después de dirigir el caliente Argentina-Egipto de octavos de final, entre la Selección de Lionel Scaloni y los Faraones de Hossam Hassan, el árbitro francés recibió más de 6.000 mensajes de odio y amenazas en su WhatsApp personal, hasta el punto de que las autoridades tuvieron que reforzar la seguridad de su casa y de su familia en Francia. Willy Delajod, responsable del VAR aquel día, también fue amenazado después de un encuentro que terminó 3-2 para la Albiceleste y derivó posteriormente en una protesta formal de la Federación egipcia ante la FIFA por el arbitraje.
La tensión llegó incluso a delegaciones completas. Corea del Sur necesitó protección policial para abandonar Estados Unidos después de quedar eliminada en la primera fase, luego de que se detectaran amenazas contra integrantes de su expedición. El dato terminó de completar la otra cara de un campeonato atravesado casi desde el comienzo por cuestiones que excedieron largamente al fútbol.
Porque el Mundial 2026 no solo dejó discusiones interminables por el VAR. Se disputó con la guerra entre Estados Unidos e Irán todavía golpeando directamente a la delegación iraní, con denuncias de maltrato y una tensión política permanente alrededor de su presencia; también convivió con las controversias que rodearon a Gianni Infantino y sus vínculos con la política estadounidense. Entre decisiones arbitrales discutidas, conflictos institucionales, seguridad extrema y un clima geopolítico particularmente cargado, la Copa que debía mostrar el crecimiento definitivo del fútbol en Norteamérica terminó dejando también uno de los Mundiales más convulsionados de los últimos tiempos.
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