La presión terminó trasladándose directamente a sus redes sociales. Según recogen AS, MARCA y OKDiario, el extremo eliminó publicaciones de su cuenta de Instagram ante la cantidad de insultos que estaba recibiendo, incluidos mensajes que incluso cuestionaban su continuidad con la selección marroquí. Abde, nacido en Beni Mellal pero criado en Elche y con 37 partidos disputados con Marruecos, quedó así señalado por una camiseta que no llevó de manera individual, sino junto al resto de sus compañeros y también a los futbolistas del Villarreal.
Horas después decidió responder. En un comunicado difundido en sus redes, el jugador quiso separar por completo aquella imagen de cualquier reivindicación territorial: “En ningún momento se ha utilizado la camiseta referente al pueblo de Ceuta con un objetivo político o de desprecio hacia mi pueblo, el pueblo marroquí”. Según explicó, se trataba de una acción “de carácter social”, pensada para respaldar a una población que atravesaba una situación complicada “independientemente de su nacionalidad”.
Pero Abde tampoco quiso que esa aclaración fuera interpretada como una marcha atrás. “Esto no es una disculpa ante nadie”, remarcó antes de responder directamente a quienes pusieron en duda su vínculo con Marruecos: “Seguiré viviendo cada día con la cabeza bien alta y seguiré representando con orgullo y sacrificio mis raíces”. Una frase que terminó de darle otra dimensión al episodio: el futbolista explicó el sentido de la camiseta, pero no renunció al gesto ni aceptó que apoyar a Ceuta implicara dejar de sentirse marroquí.
El Mundial 2030, otro frente más abierto entre España y Marruecos
Lo ocurrido con el ex canterano del FC Barcelona tampoco apareció en el vacío. Desde la crisis en Ceuta, la relación entre España y Marruecos empezó a trasladarse con cada vez más fuerza al terreno deportivo, hasta convertir al Mundial 2030 en el escenario más mencionado de una disputa que ya mezcla fútbol, política y diplomacia. Ambos países organizarán el torneo junto a Portugal, aunque la competición tendrá antes tres partidos de celebración del centenario en Argentina, Uruguay y Paraguay, uno en cada país, como homenaje al primer Mundial de 1930. La entrada masiva de migrantes de finales de julio terminó incluso abriendo el debate sobre si aquella sociedad deportiva podía mantenerse al margen del deterioro político.
La dimensión política quedó clara pocos días después. Vox y Sumar, dos fuerzas situadas prácticamente en extremos opuestos del Congreso, coincidieron en reclamar que se estudiara la exclusión de Marruecos de la organización del Mundial; Podemos también se pronunció en contra de que Rabat siguiera formando parte del proyecto. Vox sostuvo que lo sucedido en Ceuta había quebrado la confianza necesaria para organizar conjuntamente un evento de esa magnitud, mientras que desde Sumar se puso el foco en la utilización de la migración como herramienta de presión. Una coincidencia poco habitual que dejó en evidencia hasta qué punto la crisis fronteriza había contaminado también una candidatura que, hasta entonces, se había presentado como símbolo de cooperación entre ambos lados del Estrecho.
A ese debate se le sumó otro todavía más visible: quién albergará la final. El presidente de la Federación Marroquí, Fouzi Lekjaa, aseguró recientemente que el último partido del Mundial se disputará en Benslimane, cerca de Casablanca, donde Marruecos construye el Gran Estadio Hassan II, proyectado para unas 115.000 personas. La FIFA salió después a enfriar aquella afirmación y recordó que la sede todavía no está decidida. España, mientras tanto, mantiene al Santiago Bernabéu y al Camp Nou entre sus principales cartas y el propio Pedro Sánchez ya se metió en la discusión: a finales de agosto aseguró que el Gobierno trabajará para que la final se dispute en territorio español porque el país tiene “todas las condiciones” para conseguirlo. “ Ya va siendo hora de que España gane un Mundial en casa”, sostuvo.
Marruecos posa con su once titular en la previa del Mundial 2026, con figuras como Achraf Hakimi, Bono, Noussair Mazraoui, Brahim Díaz, Ayyoub Bouaddi y otras piezas centrales de una generación que llegó al torneo con enorme expectativa.
FOTO: GORDON DONOVAN / NURPHOTO / NURPHOTO VIA AFP
La discusión, por tanto, hace tiempo dejó de pertenecer únicamente a las páginas deportivas. Dirigentes políticos, presidentes federativos y responsables de LaLiga se fueron sumando a una pelea que vuelve una y otra vez sobre la misma pregunta: cuánto pesa Marruecos dentro del proyecto de 2030 y quién terminará imponiéndose en la batalla por la final. Javier Tebas llegó incluso a cuestionar públicamente quién decía la verdad después del desmentido de la FIFA a Lekjaa, mientras en España las declaraciones del dirigente marroquí fueron leídas también en clave política. En ese clima, donde cualquier gesto vinculado con Ceuta o Marruecos adquiere una dimensión mucho mayor, la camiseta que vistió Abde terminó siendo interpretada por algunos como una declaración política que el propio futbolista insiste en que nunca quiso hacer.
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