El dibujo era reconocible, pero los nombres explicaron buena parte del desarrollo. De la Fuente llegó condicionado por bajas, futbolistas tocados y jugadores recién incorporados, con casos sensibles como Lamine Yamal, Nico Williams, Mikel Merino y Martín Zubimendi, todos en proceso de recuperación o administración de cargas antes del Mundial. Por eso usó el partido para repartir minutos y observar soluciones antes que para mostrar una versión cercana al once titular. Dani Olmo fue uno de los pocos nombres de peso real sobre el campo, mientras que Bernal y Jon Martín formaron parte de esa prueba ampliada que difícilmente se repita cuando lleguen los partidos grandes.
España tuvo la pelota y encontró el gol con Ferran en una acción que parecía abrir una noche cómoda, pero nunca logró convertir ese dominio en autoridad. Irak se mantuvo dentro del partido, el error de Joan García cambió el clima y la segunda parte terminó diluida entre cambios, interrupciones y poca continuidad. Más que una alarma total, fue una advertencia concreta: una favorita necesita que su Plan B también imponga respeto, y ante Irak esa versión quedó lejos de convencer.
Yeremy Pino vs Irak.
Yeremy Pino tuvo minutos en una segunda parte marcada por los cambios, la falta de ritmo y la necesidad de España de encontrar más profundidad antes del Mundial.
FOTO: PABLO GARCIA SACRISTAN / ANADOLU / ANADOLU VIA AFP
España, favorita por números y por una mochila que ya pesa
España llega al Mundial con una etiqueta que no nace de la nada. La Roja aparece entre las selecciones mejor posicionadas del ranking FIFA y dentro del lote de candidatas que también integran potencias como Francia, Argentina, Inglaterra, Brasil o Portugal. No es solo una cuestión de percepción o de nombres propios: el equipo de Luis de la Fuente viene de construir un ciclo competitivo, con una identidad reconocible, una base joven y varios futbolistas que ya se mueven en la élite europea.
El recorrido reciente también sostiene esa expectativa. España ganó la Nations League 2023 y la Eurocopa 2024, dos títulos que cambiaron el clima alrededor de una selección que durante años había convivido con dudas en los grandes torneos. A eso se suma una racha que llegó a igualar los 30 partidos consecutivos sin perder, un dato que explica por qué el empate ante Irak genera ruido, pero no alcanza para tirar abajo la candidatura. El problema no es el resultado en sí, sino la imagen de una favorita que no logró imponer autoridad ante un rival claramente inferior.
La exigencia, justamente, viene de esa mochila. Cuando una selección cuenta con nombres como Lamine Yamal, Nico Williams, Rodri, Pedri, Dani Olmo, Mikel Merino o Martín Zubimendi, cualquier versión gris se mira con lupa. España no necesita demostrar que tiene talento, porque eso ya lo sabe todo el mundo. Lo que debe probar es que puede sostener jerarquía incluso con rotaciones, bajas, jugadores tocados y un Plan B que también tendrá peso en un Mundial más largo, más incómodo y con menos margen para regalar partidos.
Por eso el empate ante Irak pega más en el relato que en el ranking. España sigue siendo candidata por presente, recorrido reciente y calidad de plantilla, mientras Argentina llega como campeona del mundo y referencia inevitable de la conversación mundialista. Pero el cartel de favorita obliga a algo muy concreto: jugar como favorita incluso cuando no están todos los titulares. La última prueba será ante Perú, en el cierre de los amistosos previos al Mundial. Ahí De la Fuente tendrá una nueva oportunidad para corregir sensaciones, ajustar piezas y mostrar una versión más cercana a la selección que pretende viajar como una de las grandes amenazas del torneo.
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