En lo deportivo, Oyarzabal también tenía sentido para Hansi Flick. Puede jugar como delantero centro, segundo punta o desde un costado, presiona, entiende el juego asociativo y conoce a buena parte del núcleo español del Barça por la Selección. La temporada 2025/26 reforzó esa lectura: según los datos recogidos por Transfermarkt, firmó 18 goles y 4 asistencias en 40 partidos oficiales con la Real Sociedad, con una producción que no lo convierte en una estrella de escaparate, pero sí en un atacante fiable para competir en partidos grandes.
La diferencia es que Kane cambia la escala de la discusión. Oyarzabal era el plan posible; el inglés aparece como el golpe mundial. Pero ambos nombres cuentan la misma historia de fondo: Barcelona empieza a mirar más allá de Julián Álvarez porque entiende que el Atlético no piensa regalar una salida al Camp Nou. Si la vía rojiblanca sigue bloqueada, el Barça ya no quiere depender de una sola negociación: primero miró dentro de España y ahora también apunta a uno de los nueves más pesados de Europa.
El no al Barça y la salida que sí seduce al Atlético
El problema de Barcelona no es solamente conseguir el dinero. El verdadero muro está en el Atlético de Madrid. Después de la frase de la araña sobre su deseo de salir para cumplir su sueño, en el club rojiblanco entienden que la relación entró en un punto de difícil retorno, pero eso no significa que estén dispuestos a facilitarle el camino al Camp Nou. La postura pública sigue siendo dura: tiene contrato, hay una cláusula de salida y quien quiera llevárselo deberá pagar una cifra enorme.
Ahí aparece la contradicción que marca toda la novela. Atlético sabe que retener a un futbolista que ya dejó clara su intención de marcharse puede convertirse en un problema deportivo y de vestuario, pero también sabe que venderlo al Barcelona sería leído como una derrota política, sobre todo después de los famosos tuits contra los catalanes. Por eso el club intenta sostener una posición de fuerza: no regalará a la Araña, no aceptará una operación cómoda y, sobre todo, no quiere quedar como el equipo que terminó entregando a una de sus grandes figuras al rival que más ruido hizo en la negociación.
En ese escenario, la opción Arsenal empieza a sonar mucho más lógica para el Metropolitano. Según las versiones que circulan en España, el club inglés podría ofrecer cerca de 60 millones de euros más Viktor Gyökeres, una fórmula que en Atlético ven con otros ojos porque combina dinero fresco, un delantero de reemplazo inmediato y una salida fuera de LaLiga. No es lo mismo negociar con Barcelona, en medio de acusaciones, tensión institucional y mensajes cruzados, que mandar a Julián a la Premier League y cerrar el capítulo sin reforzar a un competidor directo.
El sueco, además, encaja con una necesidad concreta. Atlético perdería a un atacante diferencial, pero recibiría un nueve potente, físico, de área, con gol y con un perfil más natural para ocupar la referencia ofensiva. La operación no tendría el brillo emocional de retener a Julián ni el impacto económico de una cláusula pagada al contado, pero podría ser una salida pragmática: cobrar una cifra importante, incorporar un delantero hecho y evitar que el argentino termine vestido de azulgrana.
Por eso el interés de Barcelona por Harry Kane también debe leerse desde este tablero. Si el Atlético mantiene el no al Barça y empuja la negociación hacia Arsenal, el club catalán necesita activar alternativas para no quedar atrapado esperando una rendija que quizá nunca se abra. Julián puede querer salir, pero el Atlético todavía quiere elegir cómo, cuándo y hacia dónde.
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