"Siempre creí que reconocer los errores enfatiza los aciertos"
3 frases para comprender al personaje:
3 frases para comprender al personaje:
> «Al final de su mandato, le propuse a (Raúl) Alfonsín que hiciera afiches con las 70 promesas cumplidas de las 100 qué había formulado en campaña. Siempre creí que reconocer los errores enfatiza los aciertos».
> «La campaña para la constituyente de 1994, en la que se perdió menos que deshonrosamente, fue una experiencia interesante porque me permitió conocer a los pequeños ladrones de gallinas de la UCR, que por cierto no era Alfonsín, que era un tipo honestísimo».
> «No conozco campañas políticas limpias. No las recuerdo. Quizá la de Alfonsín del ’83, donde (David) Ratto tuvo la visión correcta de no nombrar al otro. No sirve mencionar al otro, y es precisamente lo que está haciendo el macrismo».
En su juventud estudió Medicina, Antropología y Geología en la Universidad de Buenos Aires.
En los años '60 participó en espectáculos del Instituto Di Tella y fue integrante de I Musicisti, grupo musical humorístico predecesor a Les Luthiers.
Fue uno de los autores de los libretos del programa del humorista "Tato Bores".
Tuvo su propia agencia de publicidad.
Creó decenas de publicidades recordadas: «No va andar», del whisky Añejo W, o «Estúpido-estúpida» del licor Tía María.
Creó y cantó unas 200 canciones, como «Coca Cola refresca mejor» y «El culo me pesa».
Guionista de comedias musicales y revistas para Tato Bores.
Adaptó obras teatrales para su esposa, la directora Lía Jelín, como "Dios mio" (de Anat Gov), "Toc-toc" y "El rey se muere". Escribió la obra "Juan Moreira Supershow", con Pedro Orgambide. En el año 2000 publicó su autobiografía, "Todo al costo". Fue el dueño del restaurante Big Mamma, en Ciudad de Buenos Aires.
En julio 2019, realizó interesantes definiciones políticas:
> «La técnica de slice of life, que se está usando en la campaña de Alberto, es una técnica viejísima, que se usaba en los años 40, y ya nadie se la cree. Creo que está profundamente equivocada. Los spots (de Todos) me parecen simpáticos, pero inoperantes. Intenté plantearle mis observaciones a los responsables de la campaña, pero me encontré con la respuesta de siempre: el kirchnerismo no sabe escuchar. Y esto lo digo desde el apoyo, como alfonsinista K que milita fuertemente para que Cristina gane».
También:
> «Las campañas sirven cuando las diferencias son muy pequeñas. Cuando la diferencia es grande -como tuvo Cristina en 2011- no tiene sentido gastar plata en publicidad. Pero si la distancia es pequeña, como la que tenía Alfonsín en 1983, una buena campaña puede ser decisoria».
> «La clave de una campaña es que el candidato comunique de manera emocional, no racional. Porque las campañas sirven para ganar emocionalmente, y no para convencer racionalmente. Eso es definitivo».
Una última mirada al personaje, en un fragmento de entrevista que le hizo Julián Blejmar para Plural JAI:
-¿En cuales de tus obras se manifestó más ese humor?
-Son muchas, y me pasa también de aplicarlo en forma inconsciente. Cuando escribí “Todo al costo”, recién al estar editado me di cuenta de que era un libro profundamente judío. De hecho no sabía que yo tenía tanto judaísmo, porque no hice Bar Mitzve, ni tuve educación judía, y me crié en casa de socialdemócratas ateos, pero tengo introyectada esa cosa del judío argentino, que sintetizo mucho en un tango que escribí llamado “Tango Shmango” que resume lo judío y argentino que hay en mí y en muchos otros.
-¿Cómo definís a ese judío argentino?
-La patria, palabra que no me gusta pero la uso, no es para mí el territorio, sino los rincones, la infancia, el barrio, los valores éticos, el idish, los olores, los sabores, o los pepinos agridulces de Pasteur y Corrientes, es decir todo eso en lo que me crié. No fueron cosas menores sino formativas, que me dieron identidad, como también la biblioteca de once mil volúmenes que pertenecía a mi abuelo periodista del Idishe Tzaitung o el piano de mis padres, todo lo cual me hizo músico y lector. El barrio y el hogar es la patria de muchos porteños, que en mi caso tiene que ver con el Once, y sus recuerdos del agua corriendo en aquel tiempo limpia junto al cordón de la vereda, o el kiosquero paralitico de enfrente, lo cual es tan parte de mi historia como la lucha de los macabeos. Todo eso hizo a un rusito argentino de Corrientes y Pueyrredón, que mantiene esas cosas intactas.
-Saltando en el tiempo hasta el presente ¿Como evalúas el humor, la música, la comida y la publicidad que se consume hoy en la Argentina?
-Para mi cada día se come peor, se abren más restoranes fashion o fusión que yo llamo confusión, donde la calidad baja y los precios suben. Es una moda que tiene unos veinte años, en la que la gente cree saber comer y la realidad es que no sabe nada. Con la publicidad pasa algo parecido, cuando yo hacía publicidad, en los años sesenta, hablaba con los capitanes de la industria, con los dueños y presidentes de las compañías. Para hacer la publicidad a Fate hablaba con Manuel Madanes y recorríamos las naves de la fábrica, donde podía ver como Manuel se acercaba a un obrero para corregirlo, porque él sabía hacer neumáticos, o como Víctor Barón, el dueño de Hiram Walker sabía hacer whiskys. Hoy en día el dueño de Fate es uno de los primos de Madanes, pero es un tipo de las finanzas, y Hiram Walker es propiedad de un fondo de inversión que es a su vez propiedad de otro fondo, es decir que las empresas se quedaron sin alma, a partir de una globalización que es consecuencia de la caída de Unión Soviética y la pérdida del equilibrio. En el humor, los grandes capocómicos de mi época, como Tato Bores, Alberto Olmedo, Pepe Arias o Enrique Farías no fueron reemplazados, ya que hoy en día esta Diego Capusotto, que es un capocómico pero que hizo poco teatro, Guillermo Francella, otro gran artista pero que no labura de capocómico, y también lo tenías a Alfredo Casero, pero desapareció. Pasó como con otras cosas, como la sociología o filosofía, donde se murieron los grandes referentes y no fueron reemplazados. En la música también hubo algo de esto, porque lo que luego de los representantes de la nueva canción argentina, como Jorge De la Vega, María Elena Walsh, o Facundo Cabral, entre otros, se dio un quiebre, ya que la mitad de la generación que nos sucedió fue liquidada, y después no hubo continuidad, porque el rock nacional no tuvo que ver con eso de analizar críticamente a la sociedad.
-¿Todo tiempo pasado fue mejor?
-No, no soy un nostálgico del pasado, de hecho soy un pionero de internet, la empecé a utilizar antes que se popularizara, estoy todo el día en Facebook y Twitter, y en muchas cosas me manejo como un pibe. Yo conservo mi capacidad de asombro intacta, el avance de la tecnología me emociona, internet es una de las cosas más fabulosas que nos han sucedido en el mundo. Mi viejo fundó la industria de los transistores en la Argentina, y pude ver lo que era cortar el aislamiento, por ejemplo cuando un coya de la Quebrada se conectaba, o cuando el hombre aterrizó en la luna, donde más que el aterrizaje me volvió loco que 500 millones de personas lo vieran al mismo tiempo. Creo que internet es una maravilla, si hubiera estado en los setenta no se hubiera producido el Golpe, porque sabríamos de que se venía la cosa. Sucede que a mí lo que me gusta es rescatar del pasado las cosas valiosas, y la década del sesenta tuvo muchas, sobre todo un pensamiento subversivo, revolucionario y utópico que no existe más en este mundo que se ha bestializado, derechizado y caído a los pies del consumo, que a mí me da fobia.