Desde entonces, Nora cambió su rutina familiar en forma drástica con el secuestro de su hijo y sobre aquel operativo militar reveló: “Gustavo salió una mañana como todos los días y no llegó más. Era el 15 de abril de 1977. Tenía 24 años, una esposa y un hijo muy pequeño. Lo secuestraron en la estación de tren, mientras iba camino a su trabajo. Esa noche un operativo militar y policial allanó mi casa, en donde estaba mi nuera. Afortunadamente, a ella no le hicieron nada. Fue un milagro teniendo en cuenta de que en la mayoría de los casos, al no encontrar a la persona buscada se llevaban a cualquier familiar en represalia".
Y lamentó: "Perder un hijo es siempre una tragedia, pero hay que elaborarlo para no quedar prendida en ese laberinto y poder ayudar a quienes están en la misma situación. La soledad nunca es buena receta si se quiere saber la verdad”.
Nada más se supo de su hijo, ni siquiera hay rastros en los distintos centros clandestinos de detención. Tampoco, testimonios que permitan descubrir su derrotero.
Por esa razón, Nora fue hasta sus últimos días a la Plaza de Mayo, a ese lugar en el que recaló en mayo de 1977 con la esperanza de recuperar a su hijo secuestrado por la dictadura.
El último 24 de marzo había marchado a la Plaza de Mayo en silla de ruedas en reclamo por su hijo Carlos Gustavo Cortiñas, desaparecido desde el 15 de abril de 1977.
Además, la militante por los DDHH y psicóloga de 94 años y línea fundadora de las Madres de Plaza de Mayo, recibió días atrás el premio Jorge Morresi en la Legislatura porteña "a la trayectoria, al compromiso y a la defensa de la democracia y los derechos humanos".
"Su especial sensibilidad y su ideario indiscutido en defensa de las y los que menos tienen hizo que se ganara el respeto y cariño incondicional de los pueblos", describe el comunicado que difundió la familia para comunicar su muerte.