La carta de despedida de Les Luthiers:
Después de más de un año de lidiar con un problema de salud que se tornó irreversible, Marcos, nuestro compañero y amigo, finalmente partió.
De ahora en más, cada uno de nosotros deberá empezar a transitar el doloroso camino de aprender a convivir con su ausencia.
Pero no hoy. Pensar hoy en partidas o ausencias nos resulta demasiado triste. Hoy preferimos evocar todo lo que Marcos nos brindó y conservaremos con nosotros para siempre.
Nos quedará el recuerdo de su voz, única e inconfundible. Y de su presencia sobre el escenario, con su carpeta roja y frente al micrófono, que cautivaba al público antes de decir una sola palabra.
Nos quedará su profesionalismo. Su autoexigencia, su ética de trabajo y su respeto extremo por el público, valores que todos compartimos y que él defendió desde el momento de la creación misma de Les Luthiers.
Nos quedará el recuerdo de su compañerismo, tanto en lo profesional y en lo personal. La inteligencia de sus comentarios y su respeto por las opiniones ajenas, aún en la disidencia.
Nos quedarán grabados los aprendizajes compartidos que hicimos a lo largo de tantos años. Los lugares del mundo que descubrimos juntos. La sorpresa que compartíamos cada vez que Les Luthiers dada un nuevo salto y llegaba más y más lejos.
Nos quedará el recuerdo de sus chistes cotidianos, rápidos y asombrosamente ingeniosos, listos para brindarnos una chispa de alegría en todo momento, en las buenas y en las malas.
Nos quedarán tantas cosas de Marcos, que aun en medio de la tristeza y el dolor que estamos viviendo, no podemos dejar de agradecer a la vida, y de sentirnos privilegiados de haber recorrido con él todo este tramo del camino.
Recordemos que el fallecimiento del actor, guionista y exlocutor es el tercero que sufren Les Luthiers, tras los de Gerardo Masana en 1973, a los 36 años, y Daniel Rabinovich en 2015, cuando tenía 71.
Les Luthiers había hecho oficial a comienzos de este año que Mundstock se veía obligado a retirarse de las funciones que estaban previstas por tener que "guardar reposo, seguir adelante con su tratamiento y realizar,
posteriormente, el debido proceso de rehabilitación"
La enfermedad había sido descubierta en marzo de 2019.
Si bien él no había podido viajar a Córdoba para el Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE), estuvo presente con un discurso fiel a su estilo en el que ironizó sobre las expresiones en nuestro idioma: "Cuando alguien dice: 'Me importa un comino', ¿en qué está pensando? Es más o menos... ¿que me importa un pepino? o ¿medio pimiento?".
"Propongo que un "me pareció un siglo' sea igual a la cuarta parte de una eternidad y un 0,33 de un 'ya no veo la hora'. ¿Alguien sabe lo que es un bledo? Algún día un ejército de bledos se lanzará sobre los hispanoparlantes para vengarse de tantos siglos de ninguneo", lanzó, generando una explosión de risas entre los asistentes.
Mundstock es hijo de inmigrantes judíos asquenazíes procedentes de Rava-Ruska, una ciudad de la región de Galitzia, en Europa Oriental, actualmente perteneciente a Ucrania. La ciudad formó parte de Polonia luego de la Primera Guerra Mundial, por lo cual los padres de Mundstock emigraron a la Argentina con pasaporte polaco.
En cuanto a su historia familiar, Mundstock contó:
"Mi papá, que era relojero, y me llegó a enseñar algo de su oficio, vino a la Argentina solo en 1930 (aquí tenía una hermana) y se instaló en la ciudad de Rosario. Mi mamá había llegado con su familia un año antes y vivía en Santa Fe.
Alguien que los conocía los contactó. Más adelante se casaron, y se fueron a vivir a Rosario, donde nació mi hermana. Luego se trasladaron a la ciudad de Santa Fe, donde nací yo en 1942. Siete años más tarde, nos mudamos a Buenos Aires. Mi familia hablaba en idish. Yo lo hablo bien, aunque nunca llegué a hablar tan fluidamente como ellos".
Desde pequeño, Mundstock estuvo expuesto a distintas influencias musicales:
"En mi casa siempre se escuchaba música, a mi papá le encantaba. Cuando yo era chico, escuchábamos programas de radio de la colectividad italiana. Así conocí a varios tenores famosos, como Beniamino Gigli y Tito Schipa. Escuchábamos muchas canciones napolitanas, y también arias de ópera. Aquello fue para mí una primera aproximación a la música, con un gran disfrute.
Por supuesto que también escuchábamos programas judíos. Los cantantes litúrgicos de sinagoga tenían una voz muy operística. Algunos eran fantásticos y a mi padre le encantaban. Durante mi infancia tuvimos algunos problemas económicos.
Tras mudarse de Santa Fe a Buenos Aires, mi padre estuvo algunos años sin tener un trabajo estable. Tal vez por eso nunca me mandó a tomar clases de música, y por la misma razón, a mí tampoco se me ocurrió pedírselo".
Discurso de Marcos al momento de recibir el Premio Príncipe de Asturias 2019 en el campo Comunicación y Humanidades:
Al comienzo de su participación en Les Luthiers realizó trabajos en radio y publicidad, aunque pronto pasó a dedicarse en exclusiva a las actuaciones del grupo. Junto con el fundador del conjunto, Gerardo Masana, creó el personaje del ficticio compositor Johann Sebastian Mastropiero, en cuya supuesta vida y obra se basan muchas de las piezas musicales que interpretan, así como los textos introductorios de las mismas.
Si bien con Les Luthiers ocasionalmente interpretó algún instrumento, como el gom-horn, Mundstock reconoció ser el miembro del conjunto con menores cualidades para la interpretación musical. Según su propio relato, a los 24 años se compró un piano e intentó aprender:
"Pero tenía una especie de bloqueo. No era que no tuviera capacidad, sino que carecía de la constancia y la paciencia necesaria para sentarme a practicar. Quería aprender todo muy rápidamente. Y en la música, los tiempos de aprendizaje son muy difíciles de modificar.
Mis intentos de aprender piano no prosperaron. La música es una asignatura pendiente en mi vida.
Más adelante tomé clases de canto con un profesor. Ya había estudiado canto anteriormente, y siempre tuve la fantasía de ser cantante".
Reconocido por su voz de bajo, se destacó por relatar los textos introductorios de la mayoría de las obras de cada espectáculo.
En Mar del Plata, el 8 de febrero de 1971, en medio de una discusión después de actuar en un espectáculo donde trabajaban juntos, sufrió una agresión por parte de Nacha Guevara quien le arrojó un vaso de vidrio en la cara provocándole una cortadura por la que tuvieron que darle varios puntos de sutura. Guevara fue sentenciada a dos meses de prisión, sentencia que quedó en suspenso por falta de antecedentes.
En los últimos años ha unido a algunas apariciones anteriores en televisión la interpretación de papeles secundarios en películas argentinas para cine (por ejemplo No sos vos, soy yo o Roma), y en una española (Torrente 3).
En 2011 participó de la película Mi primera boda con el papel del Padre Patricio. También locutó la voz del ermitaño en Metegol y actuó en El cuento de las comadrejas, una remake de Los muchachos de antes no usaban arsénico dirigida por Juan José Campanella.