Decidido a ayudar a su familia, abandonó sus estudios y comenzó a repartir damajuanas con su papá. Así saltó de trabajo en trabajo hasta que logró ahorrar lo suficiente para comprar su primera guitarra.
Con la ayuda de Enrique Irigoytía, su amigo guitarrista, aprendió a rasgar las cuerdas y juntos comenzaron a tocar por todo el Gran Buenos Aires. Sánchez-Irigoytía pasaron por varias bandas hasta que, al fin, nacieron “Los caniches de Oklahoma”.
Rebautizada como "Sandro y Los de fuegos" -en donde, al mismo tiempo, Roberto Sánchez daba un paso al costado para darle lugar a Sandro- la agrupación comenzó a pisar fuerte en la escena del rock local.
Sandro de América empezaba su camino para conquistar al país entero de la mano del rock and roll, ritmo que “lo salvó” y que nunca abandonó.
Yo me nutrí con el rock. Gracias al rock dejé las calles, las navajas y las cadenas, y agarré una guitarra. Dejé la campera de cuero y las pandillas. El rock me salvó. Me salvó de que fuera quizás un delincuente, narró en una entrevista con IBS. Yo me nutrí con el rock. Gracias al rock dejé las calles, las navajas y las cadenas, y agarré una guitarra. Dejé la campera de cuero y las pandillas. El rock me salvó. Me salvó de que fuera quizás un delincuente, narró en una entrevista con IBS.
De la casa de inquilinos al Castillo
La carrera de Sandro es histórica. Autor de 52 álbumes, creó canciones que quedaron para siempre grabadas en el imaginario popular argentino, actuó en más de dieciséis películas y fue el primer artista latino en tocar en el Madison Square Garden (Nueva York).
Sandro de América se convirtió en un éxito mundial y lejos dejó su vida en el cuartito del conventillo en donde practicaba sus pasos de baile.
Sandro en el Madison Square Garden 1970
Su mansión de Banfield, en donde recibía a “sus nenas” -como llamaba a sus fans- cada 19 de Agosto, es considerado un lugar histórico. Allí permanecen intactos su colección eterna de discos de vinilo que van desde Bob Dylan hasta The Beatles, los cuadernos en donde componía sus temas y algunas de sus piezas de indumentaria más icónicas, como el saco de piel que usó en Nueva York.
La prueba absoluta de la evolución en su vida es su modesto Castillo. Sí, Sandro de América construyó un castillo medieval en el barrio de Boedo. Apasionado por las historias de caballeros y de gustos excéntricos, el cantante de lujo decidió edificar un hogar sacado de la fantasía.
Hoy en día, el Castillo de Boedo es un centro cultural, bar y museo en donde se exponen algunas de las pertenencias del "Gitano". El edificio se para bien alto, recordando al hombre que nació con talento puro y logró pasar de la nada al todo.