Ciertamente el Támesis acumulaba, entre otras cosas, los desechos del alcantarillado de una ciudad en plana evolución demográfica y desarrollo industrial y, en el verano del 1858, las altas temperaturas provocaron que el hedor se propagara con gran fuerza en todo Londres. Es que entre julio y agosto de aquel año el río bajó su caudal de manera atípica y los desechos se concentraron en sus orillas.
Así las cosas, la pestilencia alcanzó niveles nunca antes vistos. Cortes de todo Londres cancelaron sus audiencias por el hedor y de acuerdo a una revista de salud de la época, era tan fuerte que "los hombres caían fulminados".
El olor no era lo peor: ya desde la década del 1840´, debido al agua contaminada se extendía el cólera por toda la ciudad. Y la mayoría de los londinenses bebía agua del río.
La solución
Tras inútiles esfuerzos por parte de la sociedad londinense por detener el olor cubriendo las ventanas con cortinas empapadas en productos químicos, el Parlamento (situado próximo al río) que ya prácticamente no podía sesionar debido al hedor finalmente aprobó un plan para construir un inmenso sistema de cloacas y bombas para conducir las aguas fecales lejos de la ciudad.
Fue más precisamente el 2 de agosto de 1858 cuando se aprobó una ley dándole a la Junta Metropolitana de Obras la autoridad y dinero para embarcarse en el proyecto de ingeniería civil más grande del siglo el año siguiente, con Joseph Bazalgette a cargo.
El sistema. tras un exhaustivo trabajo, fue inaugurado en 1865 y mejoró rápidamente y de manera espectacular la calidad de vida de la ciudad. Las epidemias de cólera y tifus, muy frecuentes hasta entonces, desaparecieron completamente y el Támesis pasó de ser el río mas sucio del mundo a ser el río metropolitano más limpio
Al ingeniero Bazalguette, se le reconoció haber salvado más vidas que cualquier oficial del ejército victoriano y quedó en la inmortalidad como un héroe. Con sus sistema de cloacas, se estima que aumentó en 20 años la esperanza de vida de los londinenses.