Estaba yo bajando por la cuesta cubierta de nieve iluminada por la luna, cuando de pronto vi una roca que se parecía a un hombre sentado. Me le acerqué para observarla mejor, y entonces me di cuenta de que no se trataba de ninguna roca, sino de un hombre sentado sobre una piedra, con la cabeza apoyada en la mano, como si estuviera descansando. (...) Entonces me quité el guante y lo toqué. Sentí un cuerpo duro bajo el traje. Le toqué la barba... y era barba. Le toqué la cara, pero sentí bajo los dedos la terrible sensación de tocar un mármol. (...) Recién después, al buscar la verdad, me enteré de que se trataba del cadáver de Stepanek, quien murió sobre el Aconcagua unos diez años antes y que seguía sentado en el lugar donde había fallecido, perfectamente conservado por el intenso frío. Estaba yo bajando por la cuesta cubierta de nieve iluminada por la luna, cuando de pronto vi una roca que se parecía a un hombre sentado. Me le acerqué para observarla mejor, y entonces me di cuenta de que no se trataba de ninguna roca, sino de un hombre sentado sobre una piedra, con la cabeza apoyada en la mano, como si estuviera descansando. (...) Entonces me quité el guante y lo toqué. Sentí un cuerpo duro bajo el traje. Le toqué la barba... y era barba. Le toqué la cara, pero sentí bajo los dedos la terrible sensación de tocar un mármol. (...) Recién después, al buscar la verdad, me enteré de que se trataba del cadáver de Stepanek, quien murió sobre el Aconcagua unos diez años antes y que seguía sentado en el lugar donde había fallecido, perfectamente conservado por el intenso frío.
El reconocimiento en solitario de Link al Aconcagua le valió el reconocimiento de Argentina y toda América del Sur, que desde entonces lo conocieron como el "Cóndor de los Andes". Pero no todo lo que halló en su primera escalada fue tétrico como el cuerpo de Stepanek; también se trajo dos objetos que recuperó en su viaje: un par de anteojos de sol, que le pertenecían a su viejo amigo Ostrowski, y una carta dirigida a una mujer italiana, los cuales devolvió a sus dueños. Link repetiría esta aventura cuatro veces más, siendo la última donde la montaña cobraría su venganza.
El Aconcagua pone fin a la carrera de Link
Juan Jorge Link escaló el Aconcagua cinco veces en total, en una de las cuales (en 1940) fue acompañado por su esposa Adrienne Bance y su perra Fifi, la primera mujer y el primer perro de la historia en alcanzar la cima. Pero en 1944, en una nueva expedición con otros montañistas y una vez más en compañía de su esposa y su perro, una tormenta mortal que se desató durante su descenso se cobró las vidas de varios expedicionistas, incluyendo la de Link y su esposa.
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Juan Jorge Link y su esposa Adrienne Bance murieron mientras descendían del Aconcagua en la que fue la quinta vez de Link trepando la montaña. Bance fue también la primera mujer en alcanzar la cima de esta montaña.
Adrienne se golpeó la cabeza mientras bajaba, muriendo desangrada en compañía de su perra Fifi, que se mantuvo firme junto a su dueña hasta fallecer de frío. Juan Jorge Link, por su parte, perdió sus antiparras y su pico y terminó unos 150 metros más abajo de ella. Los dos cuerpos no serían encontrados hasta un año después, por un nuevo reconocimiento realizado por el ejército argentino en el que participó Tibor Sekelj, uno de los montañistas que acompañaron al matrimonio Link en su última aventura.
Link y su esposa murieron en su ley, habiendo logrado hazañas que los convirtieron en pioneros de la historia del montañismo. Aunque sus vidas terminaron de manera trágica, su espíritu indomable y su valentía continúan inspirando a quienes sueñan con alcanzar las cimas más altas del mundo.
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