Sergio intentó conseguir una avioneta bimotor en un aeroclub, pero desistió cuando supo que debía pasar por la Aduana. Paralelamente, los hermanos idearon un plan delirante: contrataron a un publicista para organizar una cena de lanzamiento de una supuesta línea de lanchas (con las que huirían por mar). Sin embargo, cuando el publicista trajo los modelos, los hermanos habían huido nuevamente pero por caminos separados.
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Los hermanos huyeron a Mar del Plata con planes de irse del país. Posteriormente, cada uno escapó por caminos separados pero, al final, fueron capturados.
Sergio fue detenido en un hotel alojamiento donde había pasado la noche con una mujer que le consiguió un taxista, un día antes de que pudiera seguir su huida con un caballo y un disfraz de gaucho (todos elementos que ya tenía comprados). Pablo, por su parte, fue capturado en Tucumán y, curiosamente, también había comprado un caballo con la intención de huir hacia Bolivia.
El juicio y la condena de ambos hermanos, que recibieron cadena perpetua, fueron seguidos de cerca por los medios y el público. Sergio, en su libro "Esta es mi verdad", llegó a sugerir que él y su hermano eran inocentes del crimen y que fue orquestado por sicarios vinculados al tráfico de armas (relatos que fueron desestimados por la justicia argentina como fantasías).
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Sergio Schoklender se recibió de abogado y se convirtió en apoderado de la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Lanzó junto a Hebe de Bonafini el programa "Sueños Compartidos", que se usó luego para desviar fondos.
Ambos hermanos cortaron lazos tras ser encarcelados y fueron liberados luego de cumplir una parte de su sentencia (Pablo se fugó y fue recapturado poco después). Sergio se recibió de abogado en la cárcel (profesión que lo llevó a defender a dos hermanos también parricidas) y se convirtió en apoderado de la Asociación Madres de Plaza de Mayo al lado de Hebe de Bonafini, con quien lanzó el programa "Sueños Compartidos" destinado al reparto de viviendas para personas de bajos recursos. "Sueños Compartidos" se transformó en uno de los casos más emblemáticos de corrupción kirchnerista, pues según la justicia, Sergio Schoklender habría desviado más de 200 millones de pesos del programa a otras cuentas bancarias de la fundación.
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