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Poco después de que se encontrara la enzima responsable de la replicación del VIH, el equipo del Instituto Pasteur pudo observar al virus por primera vez en el microscopio.
El descubrimiento del LAV representó un avance significativo. Aunque aún faltaba confirmar su relación con el SIDA, este hallazgo abría un nuevo camino en la investigación.
Una carrera con dos frentes
Paralelamente al trabajo del Instituto Pasteur, un equipo de investigadores estadounidenses liderado por Robert C. Gallo del Instituto Nacional del Cáncer (NCI) también se encontraba tras la pista del virus causante del SIDA. En mayo de 1983, publicaron sus resultados en la revista Science, identificando un retrovirus al que llamaron HTLV-3.
Durante los meses siguientes, se desató una carrera científica para determinar si ambos virus eran el mismo o no. La comunidad científica albergaba la esperanza de que, efectivamente, se tratara del mismo agente causal, lo que facilitaría el desarrollo de pruebas diagnósticas y, a futuro, una vacuna.
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En Estados Unidos, el equipo dirigido por Robert C. Gallo descubrió un virus al que llamaron HTLV-3. No pudieron creer que era el LAV, el mismo virus que los franceses habían detectado.
Poco después, en 1984, las investigaciones confirmaron que el LAV y el HTLV-3 eran efectivamente el mismo virus, el cual sería renombrado como Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH). Este descubrimiento pavimentó el camino para la comprensión del SIDA y el desarrollo de tratamientos que permitirían mejorar la calidad de vida de millones de personas portadoras del VIH en todo el mundo.
El trabajo de Barré-Sinoussi y Montagnier sería galardonado en 2008, trece años después del descubrimiento del virus, con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina. Como ella recordaría más tarde:
Al Instituto Pasteur llegaron muchas personas, incluidas algunas que vivían con el VIH y que yo conocía. Me abrazaron y me trajeron flores. Fue un momento realmente conmovedor, y fue entonces cuando me di cuenta de que no era mi Premio Nobel sino nuestro Premio Nobel, que le pertenecía a toda la comunidad que llevaba años luchando contra el virus. Al Instituto Pasteur llegaron muchas personas, incluidas algunas que vivían con el VIH y que yo conocía. Me abrazaron y me trajeron flores. Fue un momento realmente conmovedor, y fue entonces cuando me di cuenta de que no era mi Premio Nobel sino nuestro Premio Nobel, que le pertenecía a toda la comunidad que llevaba años luchando contra el virus.
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