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Existen otros Jeffrey Epstein en Hollywood: Conózcalos acá mismo

Sí, en Estados Unidos existe más de un Jeffrey Epstein. No es broma, ni una premisa de película de Hollywood. Y uno tiene que ver con Donald Trump (de nuevo).

El nombre Jeffrey Epstein volvió a instalarse en en Washington, pero esta vez sin la carga criminal. En medio de la polémica por el frustrado concierto Freedom 250 —el evento que Donald Trump — emergió una coincidencia : varios de los artistas involucrados estaban representados por un agente llamado Jeffrey Epstein.

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Esto es impresionante, pero cierto.

Este Jeffrey trabaja en Universal Attractions, una agencia con sede en Nueva York. No posee islas privadas ni tiene vínculos con el escándalo del financista. Simplemente comparte el nombre más dañado de la cultura popular contemporánea. Hasta el momento, no respondió a las consultas periodísticas sobre el asunto.

¿Quiénes son los "otros" Jeffrey Epstein que operan en el show business estadounidense?

El concierto Freedom 250 era la apuesta de Trump para celebrar el 250° aniversario de la independencia estadounidense con una convocatoria artística en el National Mall. Pero el evento se fue desintegrando antes de comenzar: Martina McBride, Morris Day and The Time, Bret Michaels de Poison y Young MC se bajaron uno a uno al percibir que la celebración se había transformado en un acto partidario, lejos de ser una conmemoración nacional sin colores políticos.

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Se le bajaron varíos a Donald.

En el último capítulo, Trump barajó cancelar todo o reconvertirlo en un mitin MAGA con él mismo como figura central —llegó a describirse como alguien que "atrae públicos mucho más grandes que Elvis en su mejor momento"—. Y fue en ese contexto de caos que salió a la luz que muchos de los artistas desvinculados tenían algo en común: su agente era un hombre llamado Jeffrey Epstein, el de Universal Attractions.

Este caso reabre el debate sobre la identidad nominal en la era de los algoritmos y la búsqueda instantánea.

El segundo Epstein: publicista en UTA con humor en Instagram

Pero hay más. La revista The Hollywood Reporter identificó a un segundo Jeffrey Epstein activo en la industria: un ex editor de revistas reconvertido en publicista que trabaja actualmente en UTA (United Talent Agency), una de las agencias más importantes del mundo del espectáculo.

Este Epstein tampoco respondió consultas formales, pero sí ofreció una pista sobre cómo convive con el nombre: sus redes sociales. En Instagram, publica recordatorios periódicos aclarando su identidad. "Me encantan todos los comentarios graciosos sobre mi 'isla' y mis listas", escribió en 2024, durante una filtración temprana de archivos del caso Epstein. Y agregó: "Sigo sin ser ese Jeffrey Epstein".

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Ante la pregunta inevitable —¿por qué no se cambia el nombre?— el publicista de UTA respondió con ironía: "Creo que ya es demasiado tarde para preguntarle por qué no se cambia el nombre. Pero gracias".

¿Por qué ninguno cambia su nombre?

La pregunta que genera debate es obvia: ¿tiene sentido en 2025 mantener un nombre que Google asocia inmediatamente a uno de los escándalos más perturbadores de la historia reciente?

Desde el punto de vista profesional, el cambio de nombre implica reconstruir décadas de reputación laboral, contactos y presencia en el sector. En industrias como el talento y los medios, donde las relaciones personales son capital, renombrarse no es un trámite administrativo: es empezar de cero.

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Además, ambos operan en entornos donde sus colegas los conocen. El problema no es interno, sino externo: la búsqueda online, los algoritmos de noticias y —como demuestra el caso Freedom 250— la asociación automática cada vez que el nombre vuelve a los titulares.

¿Debería existir algún tipo de protección legal o mecanismo de desambiguación para personas que comparten nombre con condenados o figuras notoriamente vinculadas a escándalos? Es una pregunta que la industria del entretenimiento, y también los motores de búsqueda, aún no saben responder.

Lo que dejó el Freedom 250 más allá del escándalo nominal

El episodio del concierto truncado revela algo más profundo sobre el ecosistema político-cultural de Trump: la dificultad de separar el aparato del Estado de la marca personal del presidente, incluso en eventos pensados como celebraciones nacionales.

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Los artistas que se retiraron no lo hicieron por miedo al nombre de su agente. Lo hicieron porque detectaron que el evento no era lo que se les había prometido. Eso habla de una industria musical que, al menos en este caso, prefirió el costo reputacional de bajarse a último momento antes que el de participar en lo que percibía como un acto de campaña encubierto.

El agente Jeffrey Epstein de Universal Attractions, mientras tanto, sigue representando artistas. El publicista Jeffrey Epstein de UTA sigue respondiendo con humor en Instagram. Y el nombre, por ahora, sigue siendo de ellos.

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