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Catatumbo: El bastión secreto de Nicolás Maduro en la narcoguerrilla

La narcoguerrilla en Catatumbo es también la guerra de Nicolás Maduro. El Cartel de los Soles y la alianza con ELN en el epicentro de la batalla sangrienta.

En medio de la guerra de guerrillas en la región del Catatumbo, a unos 4.800 km² junto a la frontera venezolana, se encuentra la mano oculta de Nicolás Maduro con su infame Cartel de los Soles y su siniestro pacto con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) que libra contra las disidencias de las FARC, el “Frente33”, una batalla sanguinaria en los confines de tal selva, ubicada en el departamento colombiano Norte de Santander.

Según un informe exclusivo de Semana sobre esta guerra que ha causado el desplazamiento de 30 mil personas y la muerte de un centenar el último trimestre de 2024, el Cartel de los Soles se convirtió en el máximo comprador de coca en el Catatumbo tras la salida del de Sinaloa insatisfecho con la cocaína impura.

La organización criminal, encabezada por miembros del Gobierno de Venezuela y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) desde la década de los años 1990 cuyo impacto incluye el financiamiento de grupos armados como las FARC y el ELN, controla las rutas del narco, desestabiliza la región y extiende su influencia más allá de las fronteras de Venezuela.

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El Cartel de los Soles se convirtió en el máximo comprador de coca en el Catatumbo.

Su contribución a la crisis de opioides ha llevado a Estados Unidos a considerar el régimen de Maduro como una amenaza comparable a las redes terroristas internacionales.

“‘Ellos negocian con los altos mandos. Nosotros como líderes sociales no entrábamos a esas conversaciones, nos daban informes para que nosotros informáramos a la comunidad’”, dijo una fuente bajo anonimato a Semana. "Vale la pena recordar que los Soles, de acuerdo con Estados Unidos, es la organización criminal que se comanda desde el palacio presidencial de Miraflores, en Caracas”, contó Semana.

Maduro y ELN

Ya se contó que esta batalla sangrienta entre las guerrillas ha puesto fin a las negociaciones de paz de Gustavo Petro. El ELN no quiere la paz, ha ejecutado líderes campesinos y dirigentes sociales que fueron promotores y firmaron declaraciones a favor de la paz antes.

Según Miguel Henrique Otero del diario El Nacional, su propósito es “instaurar en el Catatumbo un reino de terror, fuera del control del Estado, que le permita ejecutar sus operaciones de narcotráfico y cumplir con los acuerdos y servicios comprometidos con el régimen de Maduro”.

“La que se libra en el Catatumbo es también una guerra de Maduro. Cuando él accede al poder en 2014, el vínculo predilecto del chavismo era con las FARC. Sin embargo, tras los acuerdos de La Habana, las relaciones con el ELN se potenciaron muy rápidamente. Entre 2015 y 2023, el ELN desplazó, de forma fija o por temporadas, a la mitad de sus integrantes al territorio venezolano. Se les protegió militarmente; se les contrató para hacer operativos de desalojo de zonas mineras; el régimen los ha usado para amedrentar y atacar a la oposición democrática; les han entregado el control militar de varios municipios en el sur del territorio; les han provisto de armas, servicios de salud y hasta de lugares de descanso; les han permitido adquirir terrenos y viviendas, crear negocios y empresas que son fachadas de mecanismos de lavado de dinero”.

Con la crisis venezolana del 2019, el Gobierno de Maduro se ha retirado paulatinamente de la administración de la región fronteriza con el Catatumbo colombiano, delegándole – en la práctica – mucho del control político, económico y militar al ELN.

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“Maduro ha sido por más de cinco años, esto hay que repetirlo, el responsable del fortalecimiento de la estructura organizativa, logística y militar del ELN. Lo ha apoyado en su propósito de despejar el Departamento de Norte de Santander y ponerlo a funcionar a pleno rendimiento como territorio exclusivo del narcotráfico. La guerra del Catatumbo es la operación previa y necesaria para cumplir con ese objetivo. También es, esto es lo esencial, la intromisión descarada y muy riesgosa del régimen de Maduro en la seguridad, la estabilidad y la vida pública de la hermana nación colombiana”.

Mediante la asociación estratégica ELN gana un santuario en Venezuela que le permite resguardar su mando estratégico, controlar territorios y extraer rentas ilegales, y Venezuela gana un aliado que le sirve para generar algún tipo de control y seguridad en la zona fronteriza. Además, con la anunciada asistencia humanitaria que supuestamente otorgará el régimen a los desplazados, Maduro busca recuperar su legitimidad dentro de la región tras las fraudulentas elecciones presidenciales del 2024.

Politices opositores de Petro, han denunciado que Venezuela está utilizando al ELN como un arma para atacar a los intereses colombianos, además de lanzar duras críticas a los intentos de pacificación y negociación de Petro.

Catatumbo

La región de Catatumbo es una zona clave para las multinacionales y para el narcotráfico, debido a su ubicación fronteriza con Venezuela, su riqueza de minerales y al ser reservorio petrolero, pero es un escenario en el que corren mares de sangre debido a los continuos enfrentamientos entre el ELN y disidencias de las exFARC. Los dos vendedores de coca entraron en una confrontación por el control territorial, donde tienen intereses las autoridades venezolanas a favor de los ELN, sus aliados.

Catatumbo es una región habitada por miles de pequeños productores agrícolas y ganaderos. “Los campesinos prestan sus parcelas para levantar hojas de coca, en sus cocinas las transforman en kilos de pasta y los grupos armados le dan el toque final y se encargan de distribuirla en toneladas entre los carteles de drogas que hacen fila en la frontera con Venezuela para inundar las calles del mundo de cocaína”, apuntó Semana.

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Foto: Montaje de Semana.

Según las últimas mediciones de la ONU más de 43.000 hectáreas de cultivos de coca se extienden por la región. Testimonios de campesinos, obligados a participar en una cadena narco controlada por los grupos armados para sobrevivir, a Semana son inquietantes.

“Usted tiene que venderles a los recolectores, bien de las Farc o bien del ELN. Si usted les vende a ciertas personas que venden independiente, que no tengan que ver con esa organización, son piratas; los matan, los corren o les quitan todo lo que tengan, o les hacen las tres en una”.

El diario ejemplifica con el caso de una mujer que recibió $ 2.750.000 por el último kilo que les entregó y gastó $ 1.200.000 para su producción. “Ella cumplió sagradamente con las cuotas que pidieron los criminales para supuestas obras sociales y acató los manuales de convivencia que impusieron los dos bandos, por lo que tuvo la posibilidad de comercializar el producto ilícito que le daba su solar”.

También con el de Germán Gutiérrez, jornalero hasta el 16 de enero por cuidar las hojas de coca recibía $ 50.000 por cada día de trabajo.

Con todo, la guerra el Catatumbo continuará, más allá de cualquier control militar de las fuerzas armadas de Colombia. La guerrilla sembró explosivos en varios puntos y amenazó con un exterminio mayor si las Fuerzas Militares intervienen.

La Gobernación de Norte de Santander registra 80 asesinatos, once heridos, doce desaparecidos y 40.000 desplazados. Los cadáveres recuperados por las autoridades judiciales corresponden a firmantes de paz (cuatro), líderes sociales (dos), particulares (33) y menores de edad (dos) de Tibú, Teorama, El Tarra, Hacarí y San Calixto, consignó Semana.

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