La intención de ambos niveles estatales es crear un flujo de transporte conectado entre la capital provincial y las ciudades “dormitorio” que la rodean, abaratando costos y solucionando problemas de tráfico. Además, la intención es que las empresas explotadoras alcancen un punto de equilibrio en la rentabilidad sin necesidad de mayores recursos estatales.
En ese camino, los cambios que se produjeron todavía no tuvieron una traducción en soluciones mayores. El ingreso de nuevas empresas al sistema todavía mantiene una etapa de transición que es soportada por los pasajeros, quienes han sufrido demoras y cambios de líneas en las últimas semanas.
Además, los usuarios fueron testigos recientes del desembarco de SUBE, el sistema de pago nacional que llegó a Córdoba décadas después de su lanzamiento. Esa integración, que supone una ventaja tarifaria con la aplicación de los beneficios nacionales directamente sobre la demanda, todavía no tuvo el éxito esperado con una baja demanda de tarjetas a pesar de ser una puerta a un boleto más barato (80.000).
Aumentó el saldo negativo en la SUBE para andar en transporte público: De cuánto es ahora
Más que en el AMBA
Casi al mismo tiempo, en el AMBA se produjo un aumento del esquema tarifario de transporte. Para la zona de mayor influencia nacional, el boleto no superó los 650 pesos, marcando una diferencia sustancial contra un centro urbano nacional como es Córdoba.
Esa distancia tarifaria, que se repite incluso en peores versiones en otras ciudades de Argentina, es uno de los principales reclamos desde las provincias. Una situación que se ahondó con el fin de los giros de recursos federales en concepto de transporte, que fueron suspendidos de hecho por el Gobierno nacional.
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