Hace apenas unos días, los mercados celebraban posibles avances en las conversaciones impulsadas por mediadores internacionales. En ese contexto, el Brent había retrocedido cerca de 2% y los futuros estadounidenses operaban en alza por expectativas de una normalización gradual del tránsito marítimo en Ormuz.
Sin embargo, el optimismo duró poco. Las dificultades para alcanzar un acuerdo definitivo y las nuevas amenazas cruzadas volvieron a cambiar el clima financiero. El petróleo retomó la tendencia alcista y los inversores comenzaron a refugiarse nuevamente en activos considerados seguros, como el dólar y los bonos del Tesoro estadounidense.
La influencia del precio delpetróleo en la inflación global
La preocupación concreta es que un petróleo sostenidamente por encima de los US$100 podría reactivar presiones inflacionarias a nivel mundial justo cuando las principales economías intentan consolidar la desaceleración de precios tras años de endurecimiento monetario.
Para Estados Unidos y Europa, un nuevo shock energético implicaría mayores costos industriales, encarecimiento del transporte y dificultades para reducir tasas de interés. En América Latina, en tanto, el impacto sería desigual.
Países exportadores de hidrocarburos podrían beneficiarse por mayores ingresos fiscales y comerciales, mientras economías importadoras sufrirían una presión adicional sobre reservas y precios internos.
El caso argentino
Argentina aparece en una posición ambigua. Por un lado, un petróleo elevado mejora las perspectivas de Vaca Muerta y fortalece el ingreso de divisas energéticas. Pero, al mismo tiempo, complica el costo de importación de combustibles y podría generar nuevas tensiones sobre tarifas e inflación doméstica. Incluso siendo productores de crudo, el precio del combustible en el surtidor aumentó más del 20% en lo que va del conflicto en Medio Oriente.
Aparte de la presión que ejerce la falta de un acuerdo entre los países que están en conflicto, Goldman Sachs afirmó la semana pasada que el mundo tiene pocas reservas de petróleo, las que podrían acabarse en no más de tres meses. Esto hace que urja un entendimiento global, porque sino las consecuencias pueden ser peores.
Hoy, el CEO de la petrolera saudita Aramco, Amin Nasser, declaró que si el tráfico por Ormuz sigue restringido por unas semanas más, el suministro de petróleo corre riesgo y recién se normalizaría en 2027.
Los mercados financieros siguen operando bajo una lógica extremadamente sensible a cualquier novedad diplomática. La experiencia reciente demuestra que ya no son únicamente los fundamentos económicos los que determinan el valor del petróleo, sino también la incertidumbre política y militar.
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