La posibilidad de participar en un estudio de primera línea encaja de lleno en esa estrategia, al permitirles integrar propiedad intelectual, desarrollo de contenido y atracción de talento.
La relación con Estados Unidos también juega un papel clave. El presidente Donald Trump ha cortejado abiertamente a los líderes de la región durante su segundo mandato, buscando inversiones masivas en suelo estadounidense. Fondos vinculados a Jared Kushner, yerno del presidente, han servido asimismo como puente financiero entre inversores del Golfo y grupos empresariales como Paramount.
En este contexto, la operación por WBD también refleja la creciente interconexión política y económica entre Washington y las monarquías del Golfo, según publicó Financial Times.
No obstante, la participación de estos fondos no está exenta de controversia. Las inversiones en medios de comunicación por parte de Estados autoritarios han generado tensiones en países occidentales. Caso reciente fue la frustrada operación de un fondo emiratí para adquirir Telegraph en el Reino Unido, que derivó en cambios regulatorios.
Además, persiste el impacto reputacional que arrastra Arabia Saudita desde el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en 2018, lo que podría alimentar cuestionamientos sobre posibles influencias en empresas que controlan grandes cadenas informativas como CNN.
Paramount jura que no habrá injerencia externa en las decisiones
Pese a ello, Paramount ha insistido en que los inversores del Golfo no obtendrán poder de voto ni asientos en el directorio, buscando apaciguar preocupaciones sobre injerencias editoriales. Sin embargo, funcionarios y expertos reconocen que, incluso sin presencia formal en la gobernanza, una participación accionaria de tal magnitud otorga capacidad de presión e influencia indirecta.
El interés del Golfo por Hollywood se inscribe también en un plan más amplio: convertir a ciudades como Riad, Abu Dabi y Doha en polos globales de producción. Incentivos fiscales, fondos cinematográficos y megaproyectos urbanísticos buscan atraer estudios, filmaciones y parques temáticos, en una estrategia que abarca desde videojuegos hasta parques de diversiones con franquicias globales.
En última instancia, la batalla por WBD es mucho más que una operación corporativa: es un capítulo más del intento del Golfo por reescribir su imagen global, diversificar su economía y ganar un rol protagónico en la industria cultural más influyente del mundo.
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