El acuerdo es beneficioso para ambos países, ya que actualmente, Brasil se abastece de gas de Bolivia, pero el país gobernado por Luis Arce está experimentando una declinación acelerada de sus pozos gasíferos. En tanto, la Argentina, por su parte, produce excedentes de gas que no tiene dónde colocar. No es un problema de falta de oferta, sino de demanda, a diferencia de lo que ocurrió en la última década.
Para ello, el país debe salir al mundo a buscar compradores, y en ese marco, por la cercanía y el interés manifestado, Brasil es el candidato ideal para incorporar nuevos socios comerciales.
En tanto, las ventas de gas a Brasil podrían cambiar la ecuación de la balanza comercial entre ambos países, de deficitaria para Argentina en la actualidad a superavitaria. Con una producción actual de 150 millones de m3/d, el país podría estar exportando en los próximos años el 8% de su producción a Brasil.
Grandes negocios matan diferencias ideológicas
Pero pese a que el acuerdo se firmó ayer, lo cierto es que se maduró en los últimos meses gracias al negociaciones encaradas por el propio Silveira y sus técnicos con los de la Secretaría de Energía que comandó hasta el 1 de noviembre Eduardo Rodríguez Chirillo, reemplazado entonces por María Carmen Tettamanti.
La próxima etapa será la puesta en funcionamiento de un grupo binacional para estudiar las mejores vías para que el recurso llegue a Brasil.
Pero por supuesto, para los grandes negocios no hay diferencias ideológicas que valgan...
El dilema de la industria brasilera y Brasil para Vaca Muerta
La gran industria del sudeste brasileño es una demandante voraz de gas proveniente de Bolivia, pero la declinación de la producción en ese país la obliga a buscar alternativas. Vaca Muerta surge entonces como una bendición no sólo para una Argentina que encuentra una oportunidad histórica, sino también para el país vecino.
Además, Brasil viene pagando por el gas que hoy importa un promedio de 13,82 dólares por millón de BTU, mientras que el que fluya desde la Argentina podría llegar a un costo máximo de ocho dólares. El ahorro sería enorme.
Este año, el país le vende a Brasil a un ritmo de 2 millones de metros cúbicos diarios y la idea es que el flujo llegue a 30 millones hacia 2030.
En el medio, se juega la posibilidad de que la Argentina termine por exportarle a Brasil hasta 6.000 millones de dólares anuales a valores de hoy, lo que contribuiría no sólo a incrementar el ingreso de dólares a la economía nacional, sino también a equilibrar un comercio bilateral crónicamente desfavorable a nuestro país.
Vaca Muerta, el superproyecto de gas de Pampa Energía.
El detalle es que ese objetivo de 6.000 millones de dólares anuales se concretaría a través de una expansión plena del negocio, lo que dependerá primero de un despliegue aun más veloz del yacimiento no convencional y luego de la ejecución veloz de ambiciosas obras de infraestructura.
Del grupo binacional que debe conformarse dependerá que se encuentren las vías más eficientes para la llegada del fluido a Brasil. En ese sentido, el ministro Silveira citó en la mencionada entrevista 5 opciones que deben ser estudiadas.
Las 5 opciones a estudiar
La primera y más directa es la utilización del Gasoducto Brasil-Bolivia, subutilizado en la actualidad por la declinación de la producción boliviana. Según explican en Brasil, aquel ducto tiene una capacidad de transporte de alrededor de 30 millones de metros cúbicos por día, pero que hoy traslada apenas entre 12 y 15 millones. Esa diferencia podría ser cubierta por la Argentina en un plazo relativamente corto.
Sin embargo, ese proyecto se vincula a la reversión del gasoducto Norte, recientemente completado después de una decisión inicial del gobierno de Milei de congelar las obras por motivos presupuestarios. El mismo permitirá abastecer al norte de nuestro país de gas neuquino, que también reemplazará al boliviano.
Para que esa obra se pueda conectar con Brasil será necesaria la construcción de un gasoducto paralelo a través de territorio boliviano, lo que, si todo saliera bien, podría completarse en menos de dos años.
La segunda alternativa es la construcción de un gasoducto a través del Chaco Paraguayo, un proyecto por ahora totalmente en pañales.
Una tercera implicaría la conexión del sistema de gasoductos argentinos con la ciudad brasileña de Uruguayana, lo que dependería de la terminación de la segunda fase del exgasoducto Néstor Kirchner (ahora Perito Moreno), y la construcción de un tramo de conexión en el norte de Entre Ríos.
Pero para esta alternativa, Brasil también debería vincular la mencionada ciudad con la de Porto Alegre, principal vía de entrada del Gas que abastece a la industria del sudeste rico de Brasil.
Una cuarta posibilidad sería la construcción de un ducto a través de Uruguay y la quinta, y última, un proyecto para la conversión del gas natural en gas natural licuado (GNL), de costo evidentemente más elevado.
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