La estrategia oficial de apertura comercial tampoco ayuda a despejar el panorama. La flexibilización de importaciones y el crecimiento de las compras en plataformas internacionales incrementaron la competencia sobre la producción local en un contexto donde las empresas nacionales enfrentan costos financieros elevados, presión tributaria y una demanda deprimida.
El resultado es una combinación explosiva: menos ventas, más stock acumulado y mayores dificultades para sostener el empleo.
La industria textil en los últimos años
La producción textil registró caídas superiores al 30% interanual en los primeros meses de 2026 y el sector perdió más de 20.000 puestos de trabajo desde fines de 2023. Al mismo tiempo, ocho de cada diez empresas reportan problemas para afrontar pagos y compromisos financieros, mientras crecen los despidos y las vacantes que no se reemplazan.
La contradicción del modelo económico aparece con claridad. Mientras las variables financieras muestran cierta estabilidad y el Gobierno sigue celebrando la baja de la inflación con respecto a dos años atrás, sectores intensivos en mano de obra como la industria textil enfrentan una recesión prolongada.
La recuperación prometida aún no llega al consumo masivo ni a las pequeñas y medianas empresas, que constituyen la base del entramado productivo nacional.
Incluso comenzaron a aparecer cierres de marcas y emprendimientos locales que no logran competir con la nueva dinámica del mercado. Empresas que apostaron por la producción nacional hoy se encuentran asfixiadas por la combinación de caída de ventas, aumento de costos y apertura importadora.
La crisis de la indumentaria funciona así como un termómetro de parte de la economía argentina. Detrás de cada local vacío, cada fábrica con menor actividad y cada trabajador despedido aparece una pregunta incómoda para el Gobierno: ¿puede considerarse exitoso un programa económico que ordena las cuentas públicas en base a dejar de pagar obligaciones y que además destruye parte de la producción y el empleo nacional? Los datos del sector textil sugieren que, al menos por ahora, el costo social y productivo de ese ajuste sigue creciendo.
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