Las líneas que más se deterioran son precisamente aquellas utilizadas con mayor frecuencia para cubrir gastos corrientes, como préstamos personales y tarjetas de crédito. Cuando el crédito comienza a funcionar como sustituto de un ingreso que no alcanza, deja de ser una herramienta de progreso y se transforma en un mecanismo para postergar un problema.
La delicada situación de las deudas con instituciones no bancarias
Fuera del sistema bancario, la situación es todavía más preocupante. Los Proveedores No Financieros de Crédito (PNFC) registraron una mora total del 26,9% en febrero pasado, según publicó Ambito. En préstamos personales llegó al 34,1% y en tarjetas de crédito al 19,4%. Es decir, aproximadamente uno de cada tres pesos prestados mediante préstamos personales por esos proveedores está situación irregular.
El costo de ese financiamiento tampoco es menor. En febrero, las tasas nominales anuales de determinados proveedores no financieros rondaron el 144% para préstamos personales y aproximadamente el 87% para tarjetas de crédito no bancarias. El llamado “crédito fácil” puede convertirse así en una trampa de intereses para hogares que ya enfrentan ingresos insuficientes.
La expansión de este mercado alcanza a millones. En diciembre de 2025, 20,3 millones de argentinos tenían algún tipo de financiamiento, equivalente al 54,7% de la población considerada por el Banco Central. En ese mismo mes había 6,7 millones de personas con crédito fintech, dos millones más que un año antes: un aumento del 44%. Para febrero de 2026, los PNFC financiaban aproximadamente a 12,1 millones de personas y las fintech superaban los 7 millones de clientes.
También crece la superposición de deudas. En diciembre, 6,7 millones de personas tenían financiamiento simultáneo de bancos y proveedores no financieros. En febrero, esa cifra rondaba los 6,9 millones.
La situación del sistema bancario según el BCRA
Aún con este escenario, los bancos mantienen niveles elevados de liquidez y solvencia; en junio, las previsiones cubrían el 86,6% de la cartera irregular. Pero esa fortaleza no alcanza para ocultar el problema central. El riesgo no está hoy en los balances de los bancos, sino en los de las familias.
La deuda argentina de 2026 tiene, finalmente, un rostro concreto. No es el de las grandes empresas ni el de los créditos hipotecarios. Es el de los hogares que toman préstamos personales, refinancian tarjetas y buscan otra fuente de financiamiento para cubrir la anterior.
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