Por otro lado, el secretario del Tesoro planteó la necesidad de ordenar las cuentas fiscales para reducir las tasas de largo plazo, aunque resta ver cómo se ejecuta el plan, más aún en un contexto donde se prevén nuevos recortes impositivos.
¿Cambio de tendencia o corrección?
Aún es prematuro afirmar que la reciente dinámica en los mercados se mantendrá en los próximos meses. Sin embargo, la rotación observada refuerza nuestra postura de movernos desde estrategias tradicionales en Estados Unidos hacia acciones de capitalización media y, dentro de las de mayor tamaño, priorizar aquellas con alto dividendo.
En la renta fija, aunque las condiciones mejoran para las tasas de largo plazo, la inflación sigue siendo un riesgo en Estados Unidos, lo que nos lleva a optar por bajar la calidad crediticia, pero manteniendo una posición firme en bonos de corto plazo (1-3 años).
En cuanto a las monedas, el dólar cede algo de presión, mientras que en commodities, el oro sigue en ascenso gracias al respaldo de Bancos Centrales. Por otro lado, los indicios de reactivación en China impulsan las materias primas.
La inflación sigue siendo un problema
En los últimos meses, la inflación mostró signos de aceleración en varias economías, generando preocupación. En Estados Unidos, el IPC de enero subió 0.5% mensual, superando en 0.2 puntos las estimaciones. En el Reino Unido, la variación mensual fue de -0.1%, peor que el -0.3% proyectado, mientras que la interanual se disparó de 2.5% a 3%.
Desde septiembre de 2024, los datos de inflación en Estados Unidos y mercados desarrollados empezaron a sorprender al alza, aunque en la Eurozona y Canadá la situación sigue controlada en torno al 2%. De hecho, el Banco Central Europeo podría recortar su tasa de referencia en 25 puntos básicos la próxima semana.
El panorama en Estados Unidos es más preocupante. La inflación allí corre a un ritmo del 5% anualizado en los últimos 3 meses, el peor registro desde agosto de 2022. En contraste, en Latinoamérica y EMEA, la aceleración es similar a la observada a principios de 2024.
La Reserva Federal, en su reunión de diciembre, volvió a poner la inflación en el centro de la escena, relegando la preocupación por la actividad económica. Históricamente, los primeros meses del año muestran una mayor presión inflacionaria, pero los datos recientes son especialmente alarmantes.
El IPC de enero indica una inflación del 4.9% a 3 meses anualizados y del 3.7% a 6 meses, mientras que el índice PCE, el preferido de la Fed, se mueve en 2.9% y 2.6%, respectivamente.
Un análisis del índice PCE núcleo de la Fed de San Francisco sugiere que, aunque la inflación cíclica sigue desacelerando (pero aún en un alto 4.2% interanual), la componente acíclica ha vuelto a acelerar en los últimos meses.
La revancha de los rezagados
A diferencia del año pasado, el mercado muestra una clara rotación hacia sectores rezagados. Mientras el S&P 500 retrocede, Europa y otros mercados desarrollados fuera de EE.UU. exhiben un desempeño más sólido.
En Latinoamérica, Brasil, Chile, Colombia y México registran avances en dólares, mientras que el S&P Merval acumula una caída del 16% en dólares.
En China, las acciones que cotizan en Hong Kong se dispararon 18.1% en lo que va del año, impulsadas por señales de recuperación en el mercado inmobiliario. Aunque la guerra comercial con Trump sigue siendo un factor de riesgo, la estabilización de los precios de las propiedades en ciudades clave es una señal positiva.
La reciente temporada de balances en Estados Unidos dejó un sabor amargo. De las 474 empresas del S&P 500 que presentaron resultados, el 74.6% superó las expectativas, en línea con el trimestre anterior. Sin embargo, los sectores más golpeados fueron tecnología (-4.3%), consumo discrecional (-6.4%) y comunicación (+1.4%), mientras que el resto promedió una suba del 5.15%. La conclusión es clara: los ganadores de 2023 y 2024 están perdiendo protagonismo en 2025.
Ante este contexto, reforzamos nuestra estrategia de diversificación en Estados Unidos, priorizando acciones de capitalización media (S&P 400) y aquellas con alto dividendo. En el plano global, mantenemos una mayor preferencia por mercados desarrollados, aunque el panorama en China comienza a mostrar signos de mejora.
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