En este sentido, se podría que pese a lo que puedan decir y repetir el ministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas y la vicejefa de Gabinete Cecilia Todesca Bocco, el rebote económico perdió velocidad y se manifiesta lento a partir de julio. "Pese a la reapertura económica de algunas provincias y el AMBA, la demanda no está acompañando el proceso. Los ingresos de los trabajadores se vieron deteriorados por el aumento del desempleo, el “congelamiento” y recorte nominal de salarios del sector privado y el efecto de la inflación sobre el “bolsillo” de los trabajadores", advierte el economista Amilcar Collante.
En uno de sus últimos informes para el portal Plan M, de Maximiliano Montenegro, el especialista resaltó: "En los meses pasados se observaba una recuperación respecto del fondo del pozo de la cuarentena, tocado en abril, que parecía ser en forma de “V”. Sin embargo, con el dato de agosto parece ser mas parecido a una raíz cuadrada invertida.
Para tener una magnitud del deterioro económico, el nivel de actividad económica de agosto pasado es similar al de agosto de 2009. Es decir, la economía se “achico” tanto que sufrió un retroceso de 11 años en poco más de 5 meses de pandemia y cuarentena".
Ahora bien, ¿qué es lo que están mirando los principales líderes de la coalición gobernante (Alberto Fernández, Cristina Fernández y Sergio Massa)? Que "si la economía continua recuperándose al ritmo de los últimos dos meses (1,4%), recién en abril 2021 se alcanzaría el nivel pre-pandemia (febrero de 2020). Mientras que en septiembre 2021 se alcanzaría el nivel de actividad previo a la recesión que se inició en abril de 2018", considera Collante.
En cambio, "si el ritmo de recuperación fuera más lento (en línea con lo que ocurrió en agosto), entonces las fechas serían recién julio 2021 y febrero 2022, respectivamente".
En cualquier escenario, la Argentina estaría en plena recuperación de la actividad en plena elección.
¿Cuál es la base de ese análisis? "Todo ello suponiendo que Argentina evitara en los próximos meses un nuevo salto devaluatorio del tipo de cambio oficial que impulsaría fuertemente la inflación, provocaría un nuevo derrumbe del consumo y postergaría todavía más la recuperación", concluye.
Esto no es un dato menor porque el gobierno nacional se juega todo en esta elección: Alberto Fernández consolidaría su liderazgo y, de ganar la elección, sería un espaldarazo social muy fuerte luego de tamaña recesión en 2020 como nunca ocurrió en la historia argentina; evitaría la ruptura del Frente de Todos; quedaría a prueba la unidad opositora de Juntos por el Cambio; y generaría un escenario de estabilidad para la elección presidencial 2023.
En agosto pasado, el economista Orlando Ferreres también había hecho un análisis al respecto en un informe de agosto: "Lo último que va a ser publicado previo a las elecciones de octubre de 2021 va a ser un crecimiento de 17% a 18% en el segundo trimestre de 2021. Eso los podría favorecer".