Este es un detalle clave que se tienen que grabar quienes escuchen cualquier tipo de frase tribunera:
1. Los recursos del Fondo surgen de las cuotas partes que aportan los Estados miembros.
2. Cuando se habla del dinero del Fondo, la pregunta que hay que hacerse es: ¿A quién pertenece ese dinero? Pertenece a los países miembros.
3. La directora ejecutiva del Fondo no tiene poder de veto ni decisorio. Todo va al Board, a lo que se llama la junta de Gobernadores.
4. La Argentina está pidiendo un tratamiento diferencial pero en realidad está pidiendo que se modifique por un rato el estatuto del organismo, y eso lleva mucho tiempo hasta que los países lo consideren. Para eso, el gobierno nacional tiene que trabajar sistemáticamente todos los días para convencer a esos miembros y para que el mercado recupere la confianza en el equipo económico. ¿Esto explica el voto de Argentina en la ONU contra Venezuela? Posiblemente. Quien se considere militante de un espacio deberá entender que un buen militante es aquel que está en condiciones de tragarse el sapo más grande y no que el mundo gire en torno a los deseos de sus puntos de vista. Es al revés.
Parece muy obvio este punteo pero no lo es. Desde hace muchísimos años la Argentina perdió el sentido común.
El economista Diego Giacomini marca un punto interesante en medio de todo este debate: "Un Programa de Facilidades Extendidas con el FMI por 10 años y con 4 años de gracia, está asegurando un default a partir de 2025, ya que eleva vencimientos totales de deuda a US$12.500 millones/US$15.000 millones por año".
Si bien es muy dramático el análisis, evitarlo requiere de mucha madurez y muñeca política. Es posible pero para eso la dirigencia debe entender que "en ese período ya hay que pagar también entre US$4.500 millones y US$7.000 millones a bonistas bajo ley New York".