Presión tributaria, salarios privados, riesgo país, costos logísticos y tipo de cambio, fueron los factores que más incidieron entonces.
Así el traspié que sufría en marzo la competitividad argentina no era por el impacto de Covid-19, sino por otra suba de costos de producción.
El ICAP arrojaba un deterioro de 4,41% en términos reales respecto del mes anterior, acumulando así un alza del 6,26% desde principios de año.
Según el último informe de agosto, que publica datos de junio, y medido en pesos corrientes el índice se ubicó en 372,80 y registró un aumento del 1% con respecto al mes anterior, y una variación interanual del 43,16%.
En tanto, el Índice de Costo Argentino de la Producción medido en dólares se ubicó en 74,50, equivalente a una disminución del 1,16% con respecto a abril y una caída interanual del 10,76%.
De esta manera, el nivel del ICAP medido en dólares en junio es el más bajo registrado desde que se comenzó a medir.
También afirma que la "disminución de la Presión Tributaria no se debe a cambios impositivos, sino que se trata de un efecto estadístico. Este indicador surge de la relación entre la recaudación tributaria y el PIB. En junio, la producción (PIB) mostró una mejor performance que la recaudación y eso se tradujo en una caída de la presión impositiva". Sin embargo, aclara que "este es un efecto temporal, relacionado al carácter procíclico de la recaudación de impuestos".
El ICAP-UADE es indicador sintético, elaborado a partir de la agregación de componentes del costo empresarial, para monitorear la tendencia del costo vinculado a insumos productivos y clima de negocios.