La diferencia ronda los $50 billones a moneda constante, precisamente respecto de los niveles de liquidez observados en períodos anteriores de reactivación económica.
El problema, explica, es que el Gobierno necesita aumentar la cantidad de pesos sin provocar una nueva aceleración inflacionaria ni una corrida hacia el dólar. “Hay pocos pesos en la economía”, resume el economista.
El BCRA compró dólares, pero casi toda la emisión fue absorbida
Goldin señala una paradoja de la política monetaria de 2026. El Banco Central de la República Argentina (BCRA) habría comprado alrededor de US$14.000 millones durante el año.
A un tipo de cambio de entre $1.400 y $1.500 por dólar, esas compras implicarían una emisión cercana a $20 billones. Sin embargo, de acuerdo con su análisis, buena parte de esos pesos volvió a ser absorbida mediante distintos mecanismos financieros.
El resultado: apenas unos $5 billones adicionales habrían quedado efectivamente en circulación.
Para Goldin, allí aparece el “callejón sin salida” de la política monetaria: el BCRA reconoce que necesita remonetizar la economía, pero teme que una mayor cantidad de pesos termine demandando dólares o presionando sobre los precios.
Una economía partida en dos
El diagnóstico también revela una fuerte divergencia sectorial.
Goldin divide la economía argentina entre un 15% o 20% que funciona fundamentalmente en dólares y un 80% que depende en mayor medida de los pesos y del mercado interno.
- En el primer grupo ubica sectores exportadores como el agro, Vaca Muerta y la minería, que tienen ingresos en dólares, acceso al financiamiento en moneda extranjera y capacidad para aprovechar la demanda externa.
- En el segundo aparecen comercio, construcción, industria y buena parte de los servicios. Para el economista, esta diferencia explica por qué algunos indicadores pueden mostrar una economía funcionando mientras una parte considerable de las empresas y los consumidores continúa atravesando dificultades.
“Bajar la inflación con la economía fría no es el negocio”
Goldin cuestiona que la reducción de la inflación pueda convertirse en el único indicador de éxito del programa económico.
Su planteo es que la desinflación debería coexistir con una recuperación vigorosa de la actividad, el consumo y la inversión. De lo contrario, Argentina podría terminar con una inflación más baja, pero con una economía estancada.
El economista considera que medidas puntuales —como ampliar determinados créditos o realizar inyecciones específicas de liquidez— no sustituyen una estrategia consistente de remonetización.
La dificultad está en lograr que los pesos adicionales permanezcan en la economía y financien consumo e inversión sin transformarse rápidamente en demanda de dólares.
El desafío político de 2027
La discusión monetaria también tiene una dimensión política. Goldin advierte que la sustentabilidad del programa dependerá de que pueda producir resultados más contundentes antes de 2027.
A diferencia de otros gobiernos, sostiene, la administración de Milei no atraviesa actualmente una crisis macroeconómica comparable con las que enfrentaron Mauricio Macri o Alberto Fernández, pero tampoco exhibe una expansión económica suficientemente fuerte como para garantizar una consolidación política.
El interrogante central, entonces, no es solamente cuánto tiempo puede sostenerse el actual esquema, sino si podrá transformar la estabilidad macroeconómica en crecimiento extendido.
Para Goldin, ese es el verdadero desafío pendiente: bajar la inflación sin mantener “fría” a la economía y conseguir que la recuperación alcance también a los sectores que dependen del mercado interno.
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