Y él agregó que la "bandera del empleo va a tener un reflejo concreto en el posicionamiento de Argentina en el G-20", explicando que la "crisis internacional es un problema pero también una gran oportunidad para los países emergentes" porque "generó una modificación en el paradigma hegemónico sobre la macroeconomía internacional", a tal punto que "estamos empezando a ver algunos virajes en los lineamientos del Fondo Monetario Internacional, que ahora hace referencia a un ajuste fiscal calibrado y también aborda el impacto del ajuste fiscal sobre la distribución del ingreso".
"Italia, España y Holanda ya están en recesión, y Alemania no crecerá este año, lo que muestra a las claras que en Europa se lleva adelante un ajuste fiscal para pagar deudas y salvar así al sistema financiero", describió el jefe del Palacio de Hacienda.
Sin embargo, para quienes conocen del tema, Lorenzino llegó con información antigua al coloquio del ladriprogresismo. Es más: desde que la economía argentina ingresó a una zona de turbulencias, la crisis europea es la comparación recurrente de Cristina Fernández y sus colaboradores. Pero el discurso comienza resultar absurdo.
Es cierto que la recuperación europea todavía es incipiente. "La recuperación europea tiene que ser mucho más fuerte antes de empezar a reducir el desempleo", dijo Michael Saunders, economista jefe para Europa occidental de Citigroup en Londres. "El desempleo va a estar estancado en niveles extraordinariamente altos."
Peero la Oficina Europea de Estadísticas acaba de informar que la economía de la región del euro se expandió 0,3% en el 2do. trimestre, poniendo fin a una recesión que comenzó en las profundidades de la crisis de la deuda a finales de 2011.
"Para una economía cuyas perspectivas se han declarado catastróficas en tantas ocasiones, la eurozona está evolucionando sorprendentemente bien.
En el 2do. trimestre, registró un crecimiento del 0,3%, lo que supone un giro con respecto a los datos del 1er. trimestre; además, el dato ha superado las expectativas de los economistas.
Más llamativo resulta que 2 países de la eurozona, Alemania y Francia, terminen siendo las economías que han crecido a un ritmo más rápido dentro del G-7 y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo en el 2do. trimestre, según el Berenberg Bank.
Como ocurre siempre en Europa, los datos se interpretan con cierta cautela, pero no conviene subestimar la importancia de la dirección que han tomado algunas de sus principales economías.
Alemania encabeza la recuperación, con un crecimiento del 0,7% en el 2do. trimestre. No se descarta, sin embargo, que el sorprendente sólido crecimiento del 0,5% de Francia acabe perdiendo fuerza, dado que ha estado fomentado por el consumo y los inventarios.
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Hay factores extraordinarios que ayudan a explicar el sorprendente crecimiento trimestral del 1,1% que ha registrado Portugal, el primer resultado positivo desde 2010, como las fechas en las que ha coincidido la Semana Santa y el gran impulso a las exportaciones de combustible.
Lamentablemente, Italia, España y Holanda siguen inmersas en la recesión, pero para la eurozona, lo importante es la visión global.
El crecimiento de Alemania ha venido impulsado por la demanda interna; las exportaciones están ayudando a evitar que el sur de Europa sufra más las consecuencias de su propia crisis. Incluso la economía de Grecia podría estar en un punto de inflexión.
El sur de Europa ha comenzado a estrechar las diferencias con el norte en términos de competitividad. Aunque serán necesarias más reformas estructurales, se han hecho importantes progresos.
El índice Markit de la eurozona por fin superó la barrera de 50 en julio, y el tercer trimestre ha tenido un buen comienzo.
Las tensiones en el sector financiero siguen relajándose, dado que sigue cayendo la rentabilidad de los bonos españoles e italianos.
Y, aunque el Banco Central Europeo tenga que insistir en que los tipos seguirán manteniéndose en niveles bajos durante un “periodo prolongado de tiempo”, el bajo nivel de inflación aumenta la credibilidad de sus comunicados.
Habrá muchos motivos para la preocupación sobre la economía de la eurozona: el elevado nivel de desempleo, la situación política en España e Italia, las elecciones de Alemania, el proceso de desapalancamiento de los bancos y las dudas sobre la reestructuración de la deuda griega.
Ni los inversores ni las autoridades deberían adoptar una actitud de complacencia. Sin embargo, si se consigue que el crecimiento sea sostenido, algunas de esas dudas acabarán disipándose. (...)".