Tomando información oficial publicada por el propio Banco Central correspondiente al mes de abril de cada año se observa que:
> En el año 2011 las reservas en el Banco Central eran U$S 52 mil millones mientras que los pesos emitidos eran $167 mil millones, o sea que por cada dólar de reserva había emitidos prácticamente $3.
> En el año 2012 las reservas eran U$S 48 mil millones y los pesos emitidos subieron a $223 mil millones, o sea que por cada dólar había emitidos casi $5.
> En el año 2013 las reservas vuelven a disminuir a U$S 38 mil millones mientras que los pesos emitidos vuelven a subir a $287 mil millones, o sea que por cada dólar de reserva hay emitidos más de $7.
Estos datos oficiales testimonian que la conducta del Banco Central en los últimos años ha sido emitir pesos sin consideración al nivel de reservas. El proceso ha sido tan intenso que le da sustento a un nivel de dólar paralelo muy por encima de la cotización fijada para el dólar oficial. Estos antecedentes alimentan el temor de que la suerte corrida por el peso también la sufra el CEDIN. Es decir, que deje de ser convertible a dólares debido a que el Banco Central lo emita sin respaldo de monedad extranjera.
El problema de fondo es que el déficit fiscal creciente demanda emisión creciente. En la medida que no exista un plan serio para encuadrar las cuentas públicas, el Banco Central seguirá siendo presionado para emitir sin respaldo. La masiva emisión de pesos es el camino que se ha venido utilizando de manera acelerada, a costa de potenciar el proceso inflacionario y deteriorar las funcionalidades del peso como instrumento de ahorro y de medio de cambio. Que el CEDIN corra igual suerte no parece una hipótesis descabellada si el gobierno no da señales de morigerar al menos algunas de las vías por las que se dilapidan fondos públicos; por ejemplo, los subsidios económicos.
La desconfianza se alimenta también por la sistemática violación de reglas que se viene desplegando. En casos extremos se llegó a hechos inéditos en la historia argentina y con pocos antecedentes en el mundo. Entre los más relevantes aparece las manipulaciones de las estadísticas del INDEC, la estatización de los ahorros previsionales, la apropiación de las reservas del Banco Central, la estatización de empresas, la utilización del Estado para aplicar abierta o veladamente amenazas, las presiones sobre la justicia, la degradación del sistema federal a través del sometimiento de gobiernos locales, y la masificación de subsidios discrecionales y poco transparentes a empresas públicas y privadas.
Que la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe hayan tomado la decisión de no adherir al “blanqueo” tiene incidencia muy limitada. Su principal impacto es desviar la atención hacia cuestiones secundarias. El fracaso del CEDIN no lo va a generar la decisión de estos gobiernos provinciales sino la persistencia del déficit fiscal y la emisión no controlada. Por eso, el tema de fondo que hace al éxito del CEDIN y a la posibilidad de generar condiciones para un proceso sostenido de progreso económico y social, es un drástico y profundo cambio en la forma de organizar y gestionar el Estado.