• En los 40 años que precedieron a la convertibilidad, la tasa de inflación promedio fue de 110% anual.
• Esta media se conforma por una tasa de inflación promedio del 24% anual en las décadas del ’50 y ’60, y de 254% anual durante los ’70 y ’80.
• Más recientemente, entre los años 2007 y 2013, la tasa de inflación promedio fue de 22% anual.
Estos datos muestran que la década de los ’90 estuvo precedida por 40 años de inflación extremadamente elevada. La severidad del problema obligó a adoptar un régimen monetario muy rígido, como la convertibilidad. En la actualidad, sin llegar a los niveles de inflación de las décadas de los ´70 y ´80, pero similares a los ’50 y ’60, el Gobierno se ve forzado a buscar alternativas porque el peso argentino ha dejado de servir como instrumento de ahorro y tiene muchas limitaciones para ser usado como instrumento de transacción.
Reglas de juego que inducen baja productividad y niveles de gasto público crónicamente superiores a los ingresos del Estado fatalmente generan alta inflación y, con ello, la destrucción de la moneda nacional. Ante esta situación, la gente no tiene otra alternativa que apelar a una moneda extranjera. Se intentó forzar el uso del peso argentino en las transacciones y el ahorro a través del “cepo cambiario” pero, como era previsible, la medida fracasó porque con alta inflación la gente no acepta la moneda nacional. Por eso, en clara contradicción con los discursos, se terminó apelando a crear los CEDIN, una cuasi-moneda convertible a dólar. Dándole la naturaleza de convertible, se apuesta a generar una moneda nacional que ayude a movilizar ahorros y facilitar las transacciones.
La convertibilidad del peso cayó en el año 2002 por la indisciplina estructural de la Argentina al persistir en elevados déficits fiscales en los tres niveles de gobierno. En las actuales condiciones, donde a la falta de respecto por el equilibrio fiscal se suma una gran cantidad de reglas de organización económica, social y política incoherentes e irracionales, las probabilidades de que esta nueva convertibilidad funcione son mínimas. Mientras no se avance en un cambio estructural de estrategia de país, los CEDIN generarán escasa confianza y, con ello, su uso será muy limitado.
El problema de fondo no es el régimen monetario sino la generalizada baja calidad de las instituciones. La inflación crónica y la decadencia es un derivado de reglas de juego que inducen a ineficiencias, lobbies buscando rentas y nichos monopólicos, intensas pujas distributivas, altos niveles de corrupción y profundos desequilibrios fiscales. Volver a crear una moneda convertible, como los CEDIN, en el mejor de los casos puede aportar paliativos frente a la irracionalidad del “cepo cambiario”, pero las soluciones pasan por recuperar la estabilidad de precios a partir de instituciones que estimulen el esfuerzo y la productividad.