La Gobernación ordenó plotear algunas camionetas, “para solicitar a los usuarios que ayuden a que se cumpla el plan, que se comuniquen al número 0800-444-8256, para denunciarlas”.
¿Podrán esas medidas detener la inflación tan elevada?
La recaudación tributaria aumentó en mayo un 27,4% interanual, informó la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP). Los motivos fueron los impuestos cobrados sobre la mayor importación de fuel oil (el déficit de la balanza energética alcanzó a US$ 4.800 millones en los primeros 4 meses del año, la mitad del rojo sectorial de todo 2012) y los impuestos vinculados al consumo, que reflejan la inflación: el IVA impositivo creció 24,3%, y el impuesto al cheque, 33,1%.
En tanto, de acuerdo con los datos oficiales publicados por el Banco Central, la emisión monetaria ('la maquinita') del 1er. cuatrimestre alcanzó una expansión interanual del 37%, lo cual descarta la aplicación de una política anti inflacionaria.
En 2013 el impuesto inflacionario se incrementaría 34% respecto al año anterior alcanzado los $ 100.000 millones; más de 3% del PBI y 14% de los ingresos netos de coparticipación.
El Tesoro se hace del impuesto inflacionario mediante los “adelantos transitorios” (al Tesoro Nacional) y/o “utilidades del BCRA”. Si bien la inflación es un problema para la economía argentina, y sobre todo para los sectores más vulnerables, también es una solución (no sostenible en el tiempo) para subsanar la falta de ingresos públicos.
Pero, hipócrita, Cristina envía a los militantes a "vigilar para cuidar" cuando en verdad no puede bajar la inflación.
A su vez, las empresas intentan cubrirse de esta locura.
Las empresas encontraron varios mecanismos para “saltear” el congelamiento de precios impuesto por el Gobierno nacional aumentando los lanzamientos de "nuevos productos" que quedan afuera del listado de los congelados.
Así, los proveedores aceptan “sacrificar” alguna marca o línea de producto y en forma casi inmediata se abocan al lanzamiento de una marca o una presentación nueva, que con una pequeña variación en el nombre, el tamaño o la fórmula se lanza al mercado. Ese producto está obviamente fuera del acuerdo de precios.
Este formato comercial explica la invasión de nuevos lanzamientos que vivió el mercado interno en los últimos años y que se aceleró en los últimos meses a partir del congelamiento de precios.
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Según datos de la consultora CCR que releva las ventas en los supermercados, en febrero, cuando arrancó el congelamiento de precios, hubo 701 lanzamientos. En marzo, 841 nuevas referencias y desde abril se registraron 1.596 lanzamientos.
El caso más significativo es el de la leche. Sólo La Serenísima está ofreciendo en las góndolas una docena de variedades de leche entera y de las cuáles la única que tiene su precio congelado es la “ultrapasteurizada con vitamina A, D, B9 y calcio agregado”. Los consumidores que la busquen en las góndolas no la tendrán nada fácil para no confundirse la leche del congelamiento con la “extra calcio con vitaminas A, C, D”, la “extra calcio natural con sulfato de hierro y vitaminas A, C y D” o la “extra calcio natural, con vitaminas A, C y D, fuente de DHA (ácido docosahexaenoico)”, que también ofrece la misma empresa, pero a precio liberado.
Pero la escasez de ciertos productos alimenticios en las góndolas es consecuencia de una segmentación discrecional que no responde a la demanda real. ¿Quién eligió esos productos? El secretario de Comercio, Guillermo Moreno. ¿Por qué esos productos? Porque lo decidió él. ¿Con qué motivo? Según él, así se mitigaría el alza de precios y su impacto en los consumidores menos pudientes.
Moreno dividió el mercado en diferentes volúmenes para distintos niveles de precios, y acordó con las empresas que siguieran ese criterio aun cuando esta modalidad provocara importantes pérdidas en sus ingresos.
Pero, tal como es lógico, en productos básicos que no tienen grandes diferencias de calidad entre primeras y segundas marcas, las marcas de segunda –es decir, las de precios más bajos- se agotan rápidamente aunque las empresas cumplan con los volúmenes acordados de producción. Es el caso, por ejemplo, del pan, la leche, el aceite, el azúcar, la harina...
Por eso, es de esperar que los faltantes de estos productos en las góndolas continúen.