Es decir, si bien a simple vista los datos del mercado laboral se muestran sólidos con una tasa de desempleo relativamente baja y cercana al pleno empleo, se observa una caída de la demanda de trabajo (tasa de empleo), acompañada de un (leve) aumento de la oferta que se traduce en un incremento del desempleo (de 0.8 puntos porcentuales).
La demanda laboral cae a partir del enfriamiento de la inversión y del nivel de actividad; y la oferta laboral se incrementa porque la gente sale a buscar trabajo. En otras palabras, en una economía que reduce su capacidad de generar puestos de trabajo y en la que la gente sale a buscar empleo, el mercado laboral ajusta aumentando la desocupación.
Uno de los pilares del modelo económico actual fue solucionar el principal déficit de la convertibilidad: el desempleo.
A partir de 2002-2003, Argentina fue incorporando la mano de obra ociosa en su proceso de crecimiento económico, incluso a costa de generar una expansión del PBI de baja productividad. Entre 2003 y 2011, el empleo se incrementó un 30% aproximadamente, lo que implica un aumento promedio anual en torno al 3.4%.
Lógicamente este avance del empleo no fue constante en el tiempo; sino que se fue reduciendo a medida que nuestra economía se acercaba a su frontera de posibilidades de producción, se aminoraba la acumulación de capital y el salario aumentaba; incluso por encima de la inflación y de la tasa de devaluación. Es decir, con menos crecimiento, menos inversión y salarios caros (tanto en términos de bienes domésticos como en dólares), la capacidad de generar empleo se fue diluyendo paulatinamente.
Ya en los últimos años, la capacidad de generar nuevos puestos de trabajo se redujo significativamente; es decir la elasticidad empleo-PBI11 del 2010-2012 (0,33%) fue la mitad que la del promedio 2003-2006 (0,65%). En otras palabras, la demanda de trabajo no sólo crecía menos que proporcionalmente en relación a la expansión del producto, sino que cada vez respondía menos frente al incremento del nivel de actividad.
Los resultados del primer trimestre del año corroboran la tendencia que se venía vaticinando para el mercado de trabajo: La economía ha perdido la capacidad de generar puestos de trabajo necesario para mantener el desempleo en los mínimos que se habían alcanzado.
La falta de inversión y el estancamiento del nivel de actividad que atraviesa nuestra economía han generado un incremento del desempleo, que nos ubicaría como uno de los países con mayor desocupación para períodos venideros.