ver más
POD 6_360x280_celeste

Tambalea el gran pilar de Cristina, el consumo

El aumento del poder adquisitivo del ingreso asalariado junto con la reducción del desempleo, fueron los pilares del modelo actual. Ambos efectos generaron un significativo avance del consumo privado que se convirtió en la variable más dinámica del Producto Bruto argentino entre 2003 y 2011. Durante el período mencionado, el salario promedio se incrementó un 400% aproximadamente, superando al aumento de precios (244%); el desempleo cayó 10 puntos porcentuales, desde un 17% (2003) hasta un 7.2% (2011); y todo contribuyó en generar un consumo per cápita (en dólares) record para 2011, en torno a los US$ 6.200, que superó ampliamente al máximo de la década del ’90 (US$ 5.700 en 1998).

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Economía & Regiones). El consumo privado supo ser el motor de la demanda agregada entre 2003 y 2011. El descenso del desempleo, la política de ingresos, las tarifas congeladas, tasas de interés reales negativas y un precio del dólar rezagado respecto a demás variables, funcionaron de combustible para la locomotora del consumo.
 
Ante la dificultad de continuar financiando este proceso, el gobierno comenzó a relajar determinadas anclas nominales que contenían la inflación. El relajamiento incluye una mayor depreciación del peso y ajustes focalizados en tarifas que retroalimentan la inflación inercial.
 
Los asalariados menos sindicalizados verán resentido su poder adquisitivo, al igual que en 2012, de la mano del relajamiento de las anclas nominales. Ello afectara el consumo privado global, haciéndolo menos dinámico que la fase 2003-2011. En un año electoral es esperable que el gobierno profundice las políticas de controles de precios y no encare un programa integral con el fin de contener o reducir la inflación.
 
Hasta 2011
 
Además de una política de ingresos tendiente a incrementar la participación de la masa salarial en el PBI, el Gobierno subsidió una parte del gasto de las familias retrasando el precio de los servicios públicos como el transporte, la electricidad y el gas, los combustibles y algunos alimentos básicos. 
 
A su vez, se hizo hincapié en ampliar la cobertura de los planes sociales y previsionales que se fueron actualizando con el aumento de precios. Esta política de subsidios cumplió una doble función, dado que no sólo aumentaba el ingreso disponible de las familias y estimulaba el consumo privado, sino que también actuaba como ancla anti-inflacionaria.
 
Paralelamente, el tipo de cambio bilateral contra el dólar también funcionó para contener la inflación los últimos años, puesto que la tasa de devaluación se mantuvo siempre por debajo del incremento del nivel general de precios. 
 
Consecuentemente el tipo de cambio real bilateral contra la moneda norteamericana se fue atrasando, a tal punto que en la actualidad se encuentra por debajo del nivel de la Convertibilidad. Ante el aumento de la demanda de dólares, el Gobierno evitó la pérdida de reservas internacionales con las conocidas restricciones a la demanda, provocando el desdoblamiento del mercado de cambios.
 
En pocas palabras, hasta el 2011 la estrategia fue estimular el ingreso disponible y el consumo de las familias aumentando el poder adquisitivo del salario, reduciendo el desempleo y evitando una aceleración de la inflación a través de subsidios y del tipo de cambio nominal contra el dólar.
 
No obstante, una distorsión de precios que perdura a lo largo del tiempo genera incertidumbre y hace que los agentes tomen decisiones equivocadas de consumo, ahorro e inversión; lo que los lleva a asignar erróneamente sus recursos. Las correcciones de precios de aquellos bienes y servicios que quedan retrasados suelen tener forma de shocks indeseados y dolorosos para el bolsillo de la gente.
 
Concretamente, en 2012 la dinámica de precios e ingresos comenzó a revertirse marginalmente. Si bien el tipo de cambio y las tarifas, como anclas nominales de la economía, no se puede alterar de un día para el otro, la dinámica de precios regulados, salarios y tasa de devaluación se habría modificado el año pasado. Probablemente se siga corrigiendo durante el 2013, lo que redundaría en una moderación del consumo privado.
 
Salarios
 
En primer lugar, a diferencia de los años anteriores, el salario promedio de la economía presentó un incremento del 24.8% en 2012, inferior al del año previo (29.4%) e incluso más bajo que la inflación relevada por el Congreso Nacional (25.6%). Asimismo esta pérdida de poder adquisitivo habría golpeado con más fuerza a los trabajadores de menos ingresos por su mayor propensión marginal a consumir, dado que los principales aumentos de precios se dieron en el rubro de alimentos y bebidas. Incluso para el INDEC, el precio de la Canasta Básica Alimentaria en 2012 creció casi 4 p.p. por encima del Nivel General.
 
Para este año, el Gobierno procuró firmar acuerdos de precios con grandes cadenas nacionales de supermercados y electrodomésticos para congelar precios durante febrero y marzo (que podría extenderse) con el objetivo de ponerle un freno -al menos temporal- a la aceleración inflacionaria, intentando generar una sensación de estabilidad que limite los reclamos salariales en torno al 20% y evite una mayor frecuencia de negociaciones salariales.
 
Empleo
 
Esto sucedió en un marco de estancamiento del empleo. Entre 2002 y 2011, el empleo se incrementó un 35%, lo que implica un aumento promedio anual en torno al 3.4%. Lógicamente este avance del empleo no fue constante en el tiempo, sino que se fue reduciendo a medida que nuestra economía se enfrentaba con su frontera de posibilidades de producción, se aminoraba la acumulación de capital y el salario aumentaba por encima de la inflación y de la tasa de devaluación. 
 
Es decir, con menos crecimiento, menos inversión y salarios altos, tanto en términos de bienes domésticos como en dólares, la capacidad de generar empleo se fue diluyendo paulatinamente. En 2012 la creación de puestos de trabajo del sector privado fue casi nula y el empleo público alcanzó a penas para evitar un incremento sustancial del desempleo.
 
Tarifas
 
La agonía que atraviesan las cuentas públicas obligaron al Gobierno a aumentar levemente las tarifas y desacelerar el gasto en subsidios, que pasó de un incremento interanual de 60% en 2008 a un 18% a/a en 2012. Fue así que el costo (agregado) del gas y la electricidad presentó un aumento del 245%2 para aquellos ciudadanos de Caba que dejaron de recibir el subsidio. El transporte (colectivo, tren y subte agregados) se incrementó un 70% en el año, en tanto que los combustibles mostraron un aumento promedio del 32% en 2012.
 
En lo que respecta a los subsidios sociales se observa la primera reducción desde 2007. En los primeros nueve meses del 2012, la cantidad de beneficios por hijo3 se redujo un 12%, pasando de 3.48 millones de beneficios en 2011 a 3.07 millones en 2012.
 
Para 2013, se espera que el gasto en subsidios presente un aumento similar al del año pasado y muy por debajo del incremento del 2011. De modo que, probablemente, las tarifas se sigan corrigiendo a pesar de tratarse de un año electoral.
 
Dólar
 
Por último, la tasa de devaluación se aceleró hacia fines de 2012 y cerró el año con una devaluación -entre puntas- del 14% que casi duplicó a la devaluación del 2011 (7.8%). Si bien no esperamos un cambio radical en la política cambiaria esperamos que la tasa de devaluación de este año sea similar (o incuso un tanto superior) a la del año pasado.
 
En síntesis, tanto el dólar restringido como las tarifas congeladas provocan desequilibrios macroeconómicos que terminan afectando el nivel de actividad. Ante la imposibilidad de mantener estos precios retrasados perpetuamente, el Gobierno comenzó a corregir los desfasajes, sin abandonar por completo las anclas nominales.
 
Al aumentar tarifas y acelerar la tasa de devaluación, se busca frenar la inflación mediante acuerdos de precios, que aspiran a moderar los pedidos salariales y la frecuencia de negociación. Por ahora no hay señales claras de que se vaya a atacar la inflación con una  política integral, que haga hincapié en moderar la emisión monetaria y el gasto público.
 
La “nueva” estrategia, (que tiene poco de nueva si nos remitimos a nuestra historia económica) se aplicaría en un contexto inflacionario, de caída del empleo y de deterioro de las cuentas públicas. La intención de contener la inflación ajustando el salario (real), con un mercado laboral que ha dejado de generar trabajo, podría tensar la situación social y el consumo privado, vedette del crecimiento de la última década, sufrirá las consecuencias.

Más Leídas

Seguí Leyendo