"Con el liderazgo de la Presidenta, Argentina va a seguir creciendo, tal como viene creciendo todo estos años", sostuvo Boudou, quien no habló acerca de las variadas causas penales que se acumulan en su contra por supuestas irregularidades administrativas y hasta posibles hechos de corrupción para enriquecimiento personal.
El caso se inició por la denuncia de 64 jubilados representados por el abogado Fabián Bergenfeld.
La causa está a cargo del juez federal Marcelo Martínez De Giorgi.
Si bien Marijuán es el fiscal que en los últimos meses tomó al menos 2 medidas que favorecieron la situación judicial del vicepresidente Boudou, ahora le pidió a la Comisión Bicameral de Control de Fondos de la Seguridad Social que le informe al juez si hubo reuniones o debates en ese ámbito donde se discutiera la afectación de fondos de los jubilados a otras actividades como la compra de electrodomésticos, el aporte al programa “Automovilismo para Todos” y algunos subsidios específicos, además de “Fútbol para Todos”.
Boudou fue ministro de Economía y quien impulsó que su por entonces colaborador, Hernán Lorenzino, le sucediera al frente del Palacio de Hacienda.
En vez de declaraciones genuflexas, Boudou podría al menos debatir con alguna profundidad los graves problemas de la economía argentina.
Por ejemplo, la situación cambiaria,
"(...) Por supuesto que el tipo de cambio de 2006, que promedió los 3,1 pesos por dólar, era mucho más competitivo que los 5,0 pesos de ahora, teniendo en cuenta la inflación en dólares acumulada desde entonces.
En trazos gruesos, la brecha cambiaria está reflejando el nivel que podría haber alcanzado el tipo de cambio oficial en el presente, de haberse arrancado en 2007 con el mecanismo de actualización que se ha anunciado para 2013.
Aunque deben tomarse otras variables en consideración para estimar el tipo de cambio de equilibrio (como términos de intercambio), lo cierto es que la “inflación en dólares” ha carcomido la rentabilidad de todas las actividades que producen bienes y servicios comercializables internacionalmente. Dado que la inversión, en general, ha sido autofinanciada por la caja de las propias empresas, el debilitamiento de las ganancias es una mala noticia por duplicado para la generación de nuevos puestos de trabajo.
Es cierto que la “inflación en dólares” puede haber mejorado la rentabilidad de las empresas que producen bienes y servicios que no compiten en el mercado mundial. Pero para este segmento vale lo apuntado tiempo atrás: la pérdida de convertibilidad sufrida por el peso, a partir de los controles, ha deteriorado el valor de los activos medidos en divisas, siendo que éste es un indicador clave para las decisiones de inversión.
Por ello, no es de extrañar que el índice Merval, que refleja la cotización de las firmas en la Bolsa, aún contando la recuperación de enero, se ubique 40 por ciento por debajo de los niveles pre-crisis, valuado al tipo de cambio que surge de las operaciones de “contado con liquidación”. Esto cuando los principales índices bursátiles de Estados Unidos, donde se desató la crisis, ya recuperaron los niveles previos a la caída de Lehman Brothers, en 2008. (...)".
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"Claramente la temporada 2012-2013 no será recordada por haber sido una de las mejores; síntoma de que las cosas ya no van tan bien para los millones de argentinos que usualmente cargan pilas en la costa antes de arrancar el año.
De acuerdo al índice de salarios que publica el Indec, entre noviembre del 2011 y el mismo mes del 2012 los salarios crecieron en promedio un 25,6%, pero en el caso de los trabajadores del sector público lo hicieron sólo un 16,9%.
Sin embargo, para todos los trabajadores solteros que ganaban más de $5.782 por mes y los casados con dos hijos cuyos ingresos superaban los $7.998, entre un 9 y un 35% de ese incremento se perdió por culpa del impuesto a las Ganancias y si tenemos en cuenta que la inflación en nuestro país, de acuerdo a las mediciones no oficiales rondó el 25%, no hace falta ser un genio de las matemáticas para darse cuenta de que la capacidad adquisitiva se deterioró de manera significativa.
Estamos hablando de 2.400.000 trabajadores que tributan Ganancias y que vieron caer sus ingresos reales fuertemente durante el último año. Se trata del 13,5% de los trabajadores de ingresos más altos, que son los que mayormente veranean, cambian el auto, mueven el mercado inmobiliario, etcétera.
Si el modelo 2003-2007 se apoyó fundamentalmente en un tipo de cambio alto (dólar caro) que motorizó la actividad industrial y permitió reducir de manera importante el desempleo, mientras que el modelo 2008-2011 se basó en el aprovechamiento de los altos precios internacionales de los productos agropecuarios (soja llegando incluso a los 610 dólares por tonelada), sumado a una notable expansión del gasto público y un calentamiento del consumo (vía tarjetas en cuotas sin interés), pues no resulta tan claro cuál es la locomotora, el punto de apoyo del modelo 2013, tal y como ya se evidenciaba en la falta de rumbo de la economía durante el año pasado.
Los precios internacionales están estables y en todo caso con tendencia a la baja porque se esperan buenas cosechas en Brasil y Argentina. El dólar tiene un atraso fenomenal que hace que la industria local no pueda competir con los bienes importados, y ni hablar de la posibilidad de colocar productos manufacturados en el exterior.
El gasto público ha llegado a un límite en su capacidad de tracción, porque ya hace dos años que el Gobierno perdió el superávit fiscal y con los mercados de crédito cerrados la única posibilidad de financiar políticas expansivas es emitiendo dinero y causando inflación. Por último, el consumo privado no puede empujar tampoco porque como mencionábamos antes el aumento de los precios fue por el ascensor y la suba del salario de bolsillo (luego de impuestos) lo hizo por la escalera.
En este contexto de agotamiento de los modelos anteriores queda sólo en pie la esperanza de una ayuda que venga por el lado de Brasil, aunque las últimas perspectivas de crecimiento han sido revisadas a la baja en el país carioca.
Tampoco las exigencias de un año electoral permitirán que el gobierno efectúe correcciones muy marcadas en el rumbo de la economía. No es factible pensar en una devaluación brusca del dólar oficial, que le permitiría ganar competitividad a la industria, porque la memoria del impacto político de la devaluación del 2009, cuando el gobierno llevó la divisa norteamericana de $3,00 a $3,90 en pocos meses, está muy fresca.
Enfrentaremos entonces un 2013 no muy distinto al año pasado, donde la retórica del relato buscará desesperadamente mantener en el imaginario social la comparación con los peores momentos de crisis del 2001 y 2002, de modo que se produzca cierta dinámica en la representación mental de la situación económica que efectuarán los votantes, buscando que tengan la sensación de que la economía continua aún moviéndose.
El gran dilema es lo que sucederá en 2014, luego de que la elección haya seguramente erosionado la potencia del arrasador 54% en el que se apoyó el Gobierno desde el 2011.
Con el modelo agotado y el capital político en baja, se verá entonces de qué madera está realmente hecha la actual dirigencia."
Una notable contribución dominical de
Néstor Scibona en La Nación fue intentar explicar por qué son errados los conceptos que desliza la Presidente en sus acciones pseudo docentes sobre economía:
"La mezcla de omisiones, resultados distorsionados, errores de diagnóstico y comparaciones arbitrarias recibidas con euforia en la Casa Rosada, configura así todo un embrollo que muchas veces recuerda la sobreactuación de las risas grabadas en los programas cómicos de televisión.
Algunos tramos del último mensaje presidencial por cadena nacional, cuando anunció los ajustes en los pisos del impuesto a las ganancias y las jubilaciones, constituyeron un muestrario de esta realidad. Y contribuyen a explicar por qué muchas de las decisiones económicas de CFK en su segundo mandato generan la desconfianza que ya catapultó el dólar blue a cotizaciones cercanas a los 8 pesos.
Crecimiento, estancamiento y empleo: La Presidenta admitió, sin inmutarse, que el crecimiento del PBI oficial cayó de 8,9% en 2011 a sólo 1,8/1,9% en 2012. Pero únicamente rescató que la tasa de desempleo se mantuvo baja (6,9% en el último trimestre) "en la peor crisis (internacional) que se recuerda". En realidad, la economía mundial creció el año pasado tanto (o tan poco) como en 2011, pero no estuvo en recesión como en 2009. Y la mayoría de los países latinoamericanos -excepto Brasil- creció más que la Argentina. CFK no aludió, en cambio, al derrumbe de la construcción (-3,2%) que había sido uno de los motores del crecimiento previo y que, al igual que la parálisis del mercado inmobiliario, debe atribuirse al cepo cambiario. Claramente esto no tuvo que ver con la crisis de Grecia ni de España. Ni tampoco figuraron en el discurso las trabas a las importaciones que contrajeron la producción industrial, ni el retroceso de la inversión. Aunque el desempleo subió 0,2% con respecto al mismo trimestre de 2011 (6,7%), la Presidenta prefirió mostrar una baja de 0,7% al compararlo con un período no homogéneo como el tercer trimestre de 2012 (7,6%) y atribuirla a la acción estatal. Este último argumento sólo es sostenible si se considera que sólo el sector público (especialmente provincial) volvió a aumentar la creación de empleos, frente al estancamiento promedio del sector privado.
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Inflación: curiosamente, CFK volvió a mencionar la palabra tabú, pero de manera puntual (como lo había hecho días antes con los precios de la costa atlántica) y esta vez para referirla a los aumentos de impuestos provinciales y municipales y la tarifa de subtes. En este endoso de responsabilidades, no habló de la brecha entre la inflación oficial y paralela (11% según el Indec y 26% según estimaciones privadas), ni que la emisión monetaria del Banco Central para financiar el bache fiscal creció casi 40% en 2012. Y volvió a enumerar una serie de porcentajes acumulados en jubilaciones, salarios públicos y privados en términos nominales, como si la inflación no existiera. Tampoco reconoció que ésta tuviera que ver con el aumento de la presión tributaria -o el endeudamiento- de las provincias, que no tienen acceso directo a la "maquinita" del BCRA. Sólo pidió que los gobernadores contribuyan "no con el discursito contra la inflación, sino con los actos de gobierno para que realmente podamos ser competitivos" (sic).
Mínimo No Imponible (MNI): al anunciar el ajuste de 20% a partir de marzo -después de 23 meses de congelamiento- afirmó que se trata de un "sacrificio fiscal" de 8.100 millones de pesos anuales para estimular el consumo. Pero, en realidad, el sacrificio correspondió mayormente a los trabajadores que pagan Ganancias, ya que el aumento del MNI debería ser del orden de 50% para retrotraerlo al nivel real de abril de 2011, fecha del último ajuste. Esta brecha contradice la afirmación presidencial de que "este gobierno no ha aumentado ningún impuesto y, al contrario, está aumentando la base imponible". Lo mismo vale para la desactualización de las categorías del monotributo y del MNI de Bienes Personales (congelado desde 2007), sin contar el impuesto inflacionario que se paga a través del IVA u otros gravámenes (movimientos bancarios, combustibles, cigarrillos, etc.) cada vez que suben los precios. Además, como el nuevo piso de Ganancias se anunció antes de las paritarias, muchos de los 800.000 trabajadores que por ahora quedaron exentos volverán a tributar si sus salarios suben más de 20 por ciento. Y quienes ya lo hacen enfrentarán una mayor presión impositiva dado que no se actualizarán las escalas del impuesto, congeladas desde hace más de diez años.
Salarios, competitividad y rentabilidad: la Presidenta consideró "absolutamente ilógico" que la discusión salarial en paritarias se haga sobre la base de un 17%, al señalar que el 82% de los asalariados está exento de Ganancias. Pero ése es el porcentaje que su gobierno ofrece al gremio docente, que reclama 30 por ciento. Tampoco es la mejor forma de destacar el resultado de las políticas de inclusión social, si además se tiene en cuenta que el empleo en negro afecta al 35% de la fuerza laboral, un dato siempre ausente en los discursos oficiales. Sí, en cambio, CFK volvió a exhortar a sindicalistas y empresarios a no enfrascarse en la puja por la distribución del ingreso y se animó a diferenciar rentabilidad de competitividad para que algunos reclamos (como el del gremio bancario) no terminen afectando los costos de otros sectores. No obstante, utilizó un ejemplo desafortunado al referirse a los peones rurales y señalar que deberían ser los mejores pagos debido a la competitividad y rentabilidad del sector agropecuario pese a registrar un alto grado de informalidad: en 2012 su gobierno se negó a homologar un acuerdo salarial por 35% y lo redujo en 10 puntos porcentuales. Por lo demás, la invitación presidencial a debatir seriamente la cuestión de la competitividad carece de fundamentos si no se incluye el impacto de la inflación sobre los costos (impositivos, financieros, laborales, logísticos, etc.) que el Gobierno niega sistemáticamente, al igual que el deterioro cambiario. (...)".